La formación y la comunicación externa empujan la digitalización en las bodegas españolas

Un estudio con 321 empresas vincula esas prácticas con un mayor respaldo de la dirección al cambio tecnológico

jueves 29 de octubre de 2026

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La formación y la comunicación externa empujan la digitalización en las bodegas españolas

Un estudio publicado este miércoles, 28 de octubre, como manuscrito aceptado en la revista Wine Economics and Policy vincula dos prácticas internas de las bodegas españolas, la formación y la comunicación con el exterior, con un mayor respaldo de la dirección a la digitalización. La investigación, firmada por Wenbo Hu, de la Universidad de Zaragoza, y Marta Fernández-Olmos, se basa en encuestas a 321 bodegas y analiza cómo ese apoyo de los mandos directivos influye en la adopción de tecnologías.

El trabajo parte de una pregunta concreta: de dónde sale la voluntad de los equipos directivos para impulsar cambios digitales en pequeñas y medianas empresas tradicionales. Los autores sostienen que esa disposición no aparece de forma aislada, sino que se alimenta de rutinas generales de aprendizaje dentro de la organización, aunque no estén ligadas de forma directa a una tecnología concreta.

En esa idea se apoya uno de los hallazgos principales del estudio. La comunicación externa y la formación interna aparecen asociadas de forma positiva con el apoyo directivo a la digitalización. Después, ese apoyo de la dirección actúa como mediador parcial entre esas prácticas de aprendizaje y la adopción digital. Dicho de otro modo, aprender fuera y dentro de la empresa se relaciona con una mayor inclinación de la gerencia a respaldar el cambio, y ese respaldo ayuda a que la digitalización avance.

La investigación usa un modelo de ecuaciones estructurales por mínimos cuadrados parciales, una técnica estadística habitual para estudiar relaciones entre varios factores a partir de datos de encuesta. En este caso, el análisis se centra en pymes del sector del vino en España, un ámbito en el que conviven procesos tradicionales, estructuras empresariales de tamaño reducido y un ritmo desigual de incorporación de herramientas digitales.

Los autores sitúan su trabajo en dos marcos teóricos. Por un lado, la llamada teoría de los altos mandos, que atribuye un peso importante a la visión y a las decisiones de quienes dirigen la empresa. Por otro, la teoría de la capacidad de absorción, que se refiere a la aptitud de una organización para captar conocimiento externo, asimilarlo y convertirlo en acciones útiles. Con esa combinación, el estudio intenta explicar por qué algunas bodegas avanzan antes que otras en la digitalización aunque operen en un mismo sector.

Uno de los puntos del artículo es que el apoyo directivo no debe verse solo como una causa inicial del cambio digital. Los investigadores sostienen que también es un resultado de lo que la empresa aprende. Esa doble función modifica una idea bastante extendida en parte de la literatura académica, donde el respaldo de la dirección suele aparecer solo como variable de partida.

La comunicación externa y la formación interna cumplen, además, papeles distintos y complementarios. La primera se relaciona con la adquisición de conocimiento: lo que la empresa recoge del mercado, de su red de contactos o de otras fuentes fuera de la organización. La segunda se vincula con la asimilación de ese conocimiento: la capacidad de convertir información dispersa en habilidades, procedimientos y criterios compartidos dentro de la bodega.

Esa diferencia tiene implicaciones prácticas para el sector de las bebidas, en especial para bodegas y otras pymes agroalimentarias que valoran invertir en digitalización sin tener claro por dónde empezar. El estudio sugiere que la compra de herramientas, por sí sola, puede no bastar si no va acompañada de circuitos estables para aprender del exterior y trasladar ese aprendizaje a la plantilla. En empresas con recursos limitados, esa lectura puede ayudar a ordenar prioridades y a reducir algunos obstáculos habituales en la adopción tecnológica.

Los autores también relacionan sus resultados con el retraso que aún muestran muchas pymes tradicionales en su intención de transformarse digitalmente. Su planteamiento es que el problema no depende solo de disponer o no de tecnología, sino de la capacidad de la organización para reconocer oportunidades, interpretar información nueva y convertirla en una línea de actuación respaldada por la dirección.

En ese sentido, el estudio plantea que las bodegas necesitan no solo detectar señales fuera de la empresa, sino también institucionalizar la formación interna para que el conocimiento no quede fragmentado. Para los investigadores, la dirección ocupa el punto de unión entre ambos procesos: recibe, interpreta y valida ese aprendizaje y lo transforma en apoyo real a la digitalización.

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