Los viticultores franceses arrancan viñas ante la crisis del vino
La caída del consumo de tintos y el calor empujan la reconversión hacia pistachos, lentejas o variedades blancas
martes 13 de octubre de 2026

La viticultura francesa atraviesa una etapa de fuerte presión por dos motivos que se acumulan: el calentamiento y la caída del consumo de vino, sobre todo de tintos. Ese doble golpe está llevando a algunos productores a arrancar parte de sus viñas y a buscar ingresos en otros cultivos, desde pistachos hasta lentejas, según informa AFP desde el sur de Francia.
Amandine y Matthias Reynard, viticultores al pie del mont Ventoux, son uno de esos casos. En su explotación, una parte amplia del terreno estaba ocupada por viña. Arrancarla, cuentan, no fue una decisión sencilla. Amandine resume así el cambio: “El 100% viña ya no es posible”. Matthias añade que no les queda otra que reinventar la explotación tras el retroceso de la demanda y los efectos del clima sobre el viñedo.
En una zona donde otros agricultores están optando por almendros o granados, los Reynard eligieron el pistacho en 2024. Lo hicieron con el apoyo del sindicato France Pistache, con el que aprendieron un cultivo que, según explican, existía en esa área hace unos 200 años y después desapareció. La pareja espera plantar más árboles en 2027, con ayuda de las subvenciones públicas previstas por el Gobierno francés para apoyar la diversificación y, en algunos casos, la reconversión de explotaciones afectadas por el cambio climático.
La evolución de su finca muestra hasta qué punto conviven la adaptación del viñedo y la búsqueda de alternativas. Durante la ola de calor del verano de 2026, la viña resistió bien y la vendimia no sufrió demasiado por las altas temperaturas. Los Reynard también han modificado parte de su plantación con variedades blancas de menor graduación alcohólica, que consideran más acordes con la demanda. Aun así, Matthias afirma que las hojas quedaron en mal estado, como si la cepa hubiera agotado sus recursos para proteger la uva, algo que le preocupa de cara a la próxima campaña.
En cambio, los pistacheros ofrecieron una respuesta distinta. Amandine explica que, tras la fuerte ola de calor de finales de agosto, los árboles emitieron nuevos brotes y lo hicieron sin riego. No es un dato menor en áreas del sur de Francia donde la falta de agua condiciona cada vez más las decisiones agrícolas. El pistachero, recuerdan, puede crecer de forma silvestre en zonas muy áridas, incluso desérticas.
Más al oeste, en Castelnau-Valence, Jonathan Altier y Nicolas Dussaud, también viticultores, han optado por las lentejas. Su razonamiento parte del mismo punto: encontrar una vía complementaria al vino que les permita seguir viviendo de la explotación pese a los problemas climáticos, en particular la escasez de agua. Altier explica que necesitaban alternativas para mantener su actividad, y Dussaud añade que además querían producir un alimento cercano para el consumo local.
Ambos, padres jóvenes, dicen que estaban cansados de ver a sus hijos comer en el comedor escolar lentejas importadas de Asia. Por eso apostaron por esta leguminosa, rica en proteínas. Dussaud, que también cultiva garbanzos, asegura que se trata de una producción mucho más sencilla que la vid porque requiere muy pocos insumos y muchas menos pasadas de maquinaria. A ello se suma otro factor agronómico: la lenteja capta nitrógeno y lo fija en el suelo, algo que beneficia a otros cultivos presentes en la zona, como la lavanda.
La situación no es aislada. En Francia se han financiado varios programas de arranque de viñedo para responder a la crisis que afecta al sector. Sin embargo, los viticultores consultados por AFP sostienen que la ayuda de 4.000 euros por hectárea arrancada no basta para pagar la diversificación. En la práctica, explican, han tenido que asumir con su propio dinero buena parte de la inversión necesaria para poner en marcha las nuevas plantaciones o los nuevos cultivos.
La salida comercial también condiciona estas decisiones. La sociedad de Altier y Dussaud, Les perles du Gard, se dirige en primer lugar a los mercados de colectividades. Gracias a buenas cosechas, ya ha firmado contratos con tres cocinas centrales de su región. En su caso, la lenteja no es solo una respuesta a la falta de agua, sino también una forma de asegurar ventas en circuitos con demanda estable.
En el Vaucluse, el pistacho aún está lejos de aportar ingresos a los Reynard. La primera campaña dejó 40 frutos y este verano apenas han recogido un kilo. Amandine calcula que necesitarán entre cuatro y cinco años para alcanzar un volumen que permita vender. Su apuesta, por tanto, es a medio plazo y obliga a sostener mientras tanto la actividad vitícola.
Este movimiento de diversificación tiene una lectura que va más allá de cada explotación. Si se extiende, puede cambiar parte del mapa productivo en zonas tradicionales de viñedo y alterar la oferta futura de uva y de vino en Francia, uno de los países de referencia del sector. Para el negocio de las bebidas, eso puede traducirse en menos superficie dedicada a determinadas variedades, más peso de vinos blancos o de menor graduación y explotaciones menos dependientes de una sola fuente de ingresos.
La reconversión, en cualquier caso, no sigue un único camino. Algunos productores mantienen la viña y cambian variedades; otros reducen superficie y prueban con cultivos más resistentes al calor o menos exigentes en agua. Lo que cuentan los agricultores del sur de Francia es que la suma de menos consumo y más presión climática ya está modificando decisiones que antes parecían excepcionales y que ahora empiezan a formar parte de la gestión habitual de muchas fincas.