Los viveristas italianos piden destinar la OCM del vino a renovar viñedos

Defienden una reconversión con variedades y portainjertos adaptados al clima y a la demanda

martes 13 de octubre de 2026

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Los viveristas italianos piden destinar la OCM del vino a renovar viñedos

Este martes, 13 de octubre, MIVA, la asociación que agrupa a los multiplicadores italianos de vid, y la Associazione Vivaisti Viticoli Friuli Venezia Giulia han pedido que los fondos de la OCM del vino se orienten a la reestructuración y reconversión de los viñedos, y no a incentivar arranques. Ambas entidades sostienen que el viñedo italiano necesita inversión para renovarse con variedades, clones y portainjertos adaptados al cambio del clima y a la evolución de la demanda, y reclaman además que se reconozca el valor económico de la planta de vid certificada.

Las dos organizaciones representan, según afirman, a casi todo el viverismo vitícola italiano. Su planteamiento parte de una idea clara: reducir superficie no corrige las causas de la crisis y puede recortar de forma permanente una capacidad productiva construida durante décadas. Por eso piden que una herramienta ya prevista por la política vitivinícola europea y por el Plan Estratégico de la PAC se use como palanca de renovación del viñedo y no solo como una ayuda de ajuste.

El presidente de MIVA, Dino Scanavino, defiende que el dinero disponible debe emplearse en adaptar los viñedos “al futuro”. A su juicio, rebajar ahora el potencial vitícola actúa sobre los efectos de la crisis, pero no sobre su origen. En la misma línea, Yuri Zambon, director de VCR y portavoz de la asociación de viveristas de Friuli-Venecia Julia, sostiene que arrancar una parcela vieja y replantarla igual no cambia el modelo productivo: solo rejuvenece la edad del viñedo.

Las asociaciones apoyan su petición en varios datos del mercado. A 31 de julio, y antes de una vendimia adelantada, en las bodegas italianas había 42,6 millones de hectolitros de vino, un 6,9% más que en la misma fecha de 2025. A esa cifra se sumaban 3,1 millones de hectolitros de mosto, con un aumento del 31,5%. Al mismo tiempo, el comercio exterior iba a la baja. En el primer semestre, las exportaciones italianas de vino se situaron en algo más de 3.600 millones de euros, con una caída del 6,2% en valor y del 4% en volumen. En los vinos tranquilos embotellados, el descenso fue del 8,9% en valor. En el mercado interior, las ventas en la gran distribución bajaron un 2,5% en volumen.

A esas cifras se suman los problemas agronómicos. MIVA y los viveristas de Friuli-Venecia Julia hablan de maduraciones más rápidas, vendimias cada vez más tempranas, temperaturas altas y episodios meteorológicos difíciles de prever. En su análisis, mercado y clima están presionando al mismo tiempo sobre un mismo modelo de producción, que ya no responde igual que hace unos años.

Por eso proponen que la reconversión no se limite a sustituir plantas viejas por otras nuevas con el mismo esquema. Su propuesta pasa por elegir variedades y clones capaces de mantener acidez, equilibrio y calidad en zonas más cálidas; usar portainjertos con mejor eficiencia en el uso del agua y más adecuados a cada suelo; ampliar el recurso a variedades resistentes a enfermedades; seleccionar material vegetal pensado para nuevas condiciones de cultivo; y revisar sistemas de conducción y manejo de la vegetación para reducir el efecto de los extremos meteorológicos.

Zambon plantea la cuestión en términos de producto final. Según dice, la pregunta que debe guiar la renovación del viñedo es qué vino tendrá que producir y vender Italia dentro de diez o quince años. Esa reflexión incluye también la demanda de vinos con menos graduación alcohólica. Las dos asociaciones consideran que una parte de esa respuesta puede llegar desde el propio campo, con genética, portainjertos, técnicas agronómicas y fechas de vendimia que permitan alcanzar madurez aromática y fenólica con menos azúcares. En su planteamiento, las soluciones tecnológicas en bodega son complementarias, pero no sustituyen el trabajo previo en la viña.

El debate no es menor para el negocio del vino y, por extensión, para el sector de bebidas. La forma en la que se repartan las ayudas públicas puede influir en cuánta uva se produzca, qué estilos de vino lleguen al mercado y con qué capacidad contará Italia para ajustar su oferta a la demanda en los próximos años. También puede afectar al equilibrio entre volumen, calidad y precio en una industria que depende de decisiones tomadas en la viña con mucho tiempo de antelación.

Las entidades piden además que toda la cadena dé más valor a la planta certificada. Recuerdan que, desde la próxima campaña de comercialización, el marco fijado por el Reglamento (UE) 2016/2031 y por la normativa europea sobre certificación del material vitícola exige procedimientos más estrictos de identificación, trazabilidad y control, con el pasaporte fitosanitario de las plantas como pieza central. Ese refuerzo de las obligaciones obliga a los viveristas a asumir más registros, más controles, personal cualificado y más carga técnica y documental.

Scanavino subraya que una planta de vid no es solo un insumo agrícola, sino un material que incorpora identidad varietal y clonal verificada, un estado sanitario controlado, una historia productiva trazable y un sistema de certificación. En su opinión, esas garantías exigen inversión y responsabilidades mayores, y forman parte del valor real del producto que compra el viticultor.

La discusión sobre el precio llega en un momento de presión sobre los gastos de producción. Las asociaciones citan energía, carburantes, fertilizantes, productos de defensa, mano de obra y obligaciones administrativas como factores que pesan cada vez más en la actividad de los viveros. Por eso consideran peligroso que la elección del proveedor se decida solo por la oferta más barata. Zambon recuerda que el precio de la planta representa una parte limitada de la inversión total necesaria para implantar un viñedo, pero su calidad puede condicionar durante décadas la sanidad, la productividad y el valor de la explotación.

Desde MIVA añaden que la comparación entre proveedores es positiva cuando se apoya en calidad, innovación, servicio y capacidad técnica, pero advierten de que el sector se perjudica si todo se reduce al precio. En esa lógica, las rebajas excesivas pueden recortar inversión en investigación, selección sanitaria, mejora genética, certificación y asistencia técnica, justamente los elementos que las asociaciones consideran necesarios para renovar la viticultura italiana.

El recuerdo de políticas anteriores de arranque también pesa en su postura. Las dos organizaciones llaman a actuar con prudencia porque, a su juicio, ese tipo de medidas dejó desequilibrios entre oferta y demanda y puede generar efectos difíciles de revertir. Sitúan el problema con especial claridad en los viñedos históricos y de ladera, donde la actividad vitícola no solo produce uva, sino que también ayuda a mantener el territorio y a limitar el abandono rural y el deterioro del suelo.

Con ese planteamiento, MIVA y la Associazione Vivaisti Viticoli Friuli Venezia Giulia proponen abrir una mesa de trabajo con instituciones, organizaciones de la cadena, consorcios y centros de investigación para poner en marcha un proyecto nacional de renovación del viñedo italiano. La idea es conectar recursos públicos, investigación genética, adaptación al clima, criterios ambientales y estrategia comercial para decidir ahora qué viñedo quiere tener Italia en las próximas décadas.

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