Alemania impulsa un impuesto a las bebidas azucaradas con una recaudación prevista de 1.000 millones
La tasa afectaría a bebidas con más de cinco gramos de azúcar por 100 mililitros, con bebidas zero fuera
viernes 2 de octubre de 2026
El copresidente del SPD y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, mantiene su plan para implantar un impuesto sobre las bebidas azucaradas en Alemania, pese a las objeciones surgidas dentro del propio Gobierno. Este viernes, 2 de octubre, aseguró que confía en que la coalición alcance un acuerdo con rapidez y vinculó la medida tanto a la prevención sanitaria como a la necesidad de recaudar más para el presupuesto federal.
La propuesta ha quedado frenada por la Cancillería, dirigida por la CDU. El motivo, de acuerdo con las informaciones publicadas en Alemania, es que el borrador se habría alejado de lo pactado inicialmente entre los socios del Ejecutivo. El punto de mayor fricción es el volumen de ingresos previsto con la nueva figura fiscal.
El debate se intensificó este miércoles, 30 de septiembre, cuando varios medios alemanes avanzaron que el Ministerio de Finanzas quiere poner en marcha el impuesto ya a mediados de 2027. Hasta ahora, en cambio, se había hablado de una entrada en vigor en 2028. El departamento de Klingbeil calcula que la recaudación rondaría los 1.000 millones de euros al año, mientras que la comisión financiera había manejado una previsión de algo más de 400 millones.
El borrador sigue en fase de consulta con el resto de ministerios y con los Länder. Según los planes del Ministerio de Finanzas, el impuesto se aplicaría a todas las bebidas con más de cinco gramos de azúcar por cada 100 mililitros. La cuantía variaría en función del contenido de azúcar y se movería entre 26 y 38 céntimos por litro.
El texto introduce varias excepciones. Finalmente, las bebidas “zero” quedarían fuera del impuesto, pese a que en un primer momento se había valorado incluirlas. También se librarían del gravamen los zumos puros de fruta y de verdura, la cerveza sin alcohol y el vino sin alcohol.
El Gobierno federal persigue dos objetivos con esta medida. Por un lado, obtener más ingresos para las cuentas públicas. Por otro, empujar a los fabricantes a rebajar el contenido de azúcar de sus productos para reducir problemas de salud ligados al sobrepeso y a una dieta con exceso de azúcares.
Dentro del bloque conservador hay reservas abiertas. El vicejefe del SPD, Alexander Schweitzer, criticó a la CDU y avisó de que paralizar la iniciativa no ayuda a la relación dentro de la coalición. Desde la CDU y la CSU, en cambio, se insiste en que la medida supondría una carga añadida para los consumidores.
Una de las críticas más claras llegó desde Hesse. Su ministro presidente, Boris Rhein, dijo al diario Frankfurter Allgemeine Zeitung que no tiene sentido aliviar a los ciudadanos en el surtidor para después quitarles ese dinero en la caja del supermercado. También hubo reproches desde Turingia y Baviera, donde dirigentes regionales cuestionan el efecto del nuevo impuesto sobre el consumo y sobre el bolsillo de las familias.
La iniciativa tiene además una derivada directa para el sector de las bebidas. Si sale adelante con el calendario que maneja Finanzas, los fabricantes y distribuidores de refrescos azucarados tendrían que revisar precios, surtido y fórmulas para reducir el impacto del gravamen. Aunque la cerveza sin alcohol y el vino sin alcohol figuran entre las excepciones, la medida puede alterar el mercado de otras categorías y cambiar márgenes y estrategias comerciales en un momento de fuerte presión sobre el consumo.