El consumo semanal de alcohol entre jóvenes alemanes cae a mínimos históricos

Pero el atracón etílico sigue muy presente, sobre todo entre hombres de 18 a 25 años

lunes 7 de septiembre de 2026

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El consumo semanal de alcohol entre jóvenes alemanes cae a mínimos históricos

Los adolescentes y los adultos jóvenes en Alemania beben alcohol con menos frecuencia que en años anteriores, pero eso no se traduce de forma automática en pautas de menor riesgo. Esa es la principal conclusión del estudio de 2025 sobre alcohol del Instituto Federal de Salud Pública de Alemania, BIÖG, que analiza el consumo entre la población joven del país.

El trabajo del BIÖG sitúa en el 6,8% la proporción de adolescentes que afirma beber alcohol cada semana. Entre los adultos jóvenes, la cifra es del 25%. El instituto considera que ambos datos marcan un mínimo histórico.

El informe también apunta a un inicio más tardío en el consumo. En 2004, la edad media del primer contacto con el alcohol era de 14,1 años. En la actualidad, esa media ha subido a 15,1 años. El cambio refleja que el acceso o la decisión de probar alcohol se retrasa en comparación con hace dos décadas.

Sin embargo, la caída en la frecuencia de consumo convive con otro patrón que sigue muy presente: beber mucho en poco tiempo con el objetivo de emborracharse. El BIÖG calcula que cerca de uno de cada siete adolescentes incurrió en ese comportamiento durante el mes previo a la encuesta.

Entre los jóvenes de 18 a 25 años, los porcentajes son más altos y además muestran una clara diferencia entre hombres y mujeres. Un 45,8% de los hombres consultados dijo haberse emborrachado en los 30 días anteriores. En el caso de las mujeres, la cifra fue del 26,1%.

El instituto advierte de que este tipo de consumo es peligroso en edades tempranas porque el cerebro y el resto del cuerpo siguen en desarrollo. Añade que el alcohol puede alterar esos procesos y elevar la probabilidad de accidentes, lesiones y conductas de riesgo.

La combinación de ambos datos, menos consumo semanal y mantenimiento del atracón etílico, dibuja una situación menos simple de lo que sugiere la caída general. Beber menos veces no implica necesariamente un daño menor si una parte del consumo se concentra en episodios intensos.

Para el sector de las bebidas alcohólicas, la evolución de estas cifras sirve para medir dos movimientos a la vez. Por un lado, apunta a una menor presencia del alcohol en el consumo habitual de parte del público joven. Por otro, mantiene abierto un foco de presión sobre cervezas, vinos y bebidas espirituosas por el peso de los episodios de embriaguez, algo que puede influir en campañas de prevención, normas de publicidad y estrategias comerciales dirigidas a menores de 25 años.

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