Las ventas de vino tranquilo caen un 4,9% en Rusia

Chile, Argentina y Sudáfrica ganan cuota frente a los proveedores europeos y al producto ruso

viernes 21 de agosto de 2026

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Las ventas minoristas de vino tranquilo en Rusia bajaron un 4,9% en el primer semestre de 2026 y quedaron en 29,7 millones de decalitros, equivalentes a 297 millones de litros. En el mismo periodo, el vino espumoso siguió una trayectoria distinta y subió un 2,3%, hasta 10,1 millones de decalitros. Los datos, facilitados por una empresa comercializadora de vino y contrastados por dos participantes del sector y varios expertos, no forman parte de la estadística oficial, pero dibujan un mercado en el que el producto ruso pierde algo de cuota mientras ganan espacio Chile, Argentina y Sudáfrica.

La caída del vino tranquilo equivale, de forma aproximada, a 1,53 millones de decalitros menos que en el primer semestre de 2025, cuando las ventas rondaron los 31,23 millones. En espumoso, el avance supone unos 227.000 decalitros adicionales. Pese al arancel del 25% sobre el valor en aduana para los vinos procedentes de países considerados “no amistosos” por Rusia, con un mínimo de 2 dólares por litro y prorrogado hasta finales de 2027, la cuota del vino ruso en tranquilos se situó en el 59,5%, 0,7 puntos menos que un año antes. En espumosos quedó en el 70,9%, con una bajada de 0,8 puntos.

En el vino tranquilo, las importaciones representan cerca del 40% del mercado ruso. Los principales proveedores por cuota de ventas en el primer semestre fueron Georgia, con un 9,6%; Italia, con un 5,5%; Chile, con un 4,7%; España, con un 3,7%; y Sudáfrica, con un 3,4%. Sumados al producto ruso, esos orígenes concentran casi el 90% del mercado.

La presión sobre los vinos europeos fue clara en la primera mitad del año. España retrocedió un 21,6%, Portugal un 14,6%, Francia un 8,8% e Italia un 5,6%. Alemania fue la excepción entre esos países, con un alza del 9,6%. Al mismo tiempo, Chile aumentó un 20% y alcanzó 1,33 millones de decalitros; Sudáfrica avanzó un 10,2%, hasta 978.030 decalitros; y Argentina subió un 30,8%, hasta 266.470 decalitros.

Philip Sotnichuk, director de relaciones públicas de LADOGA, atribuye parte de ese cambio a la oferta de Chile, Sudáfrica y Argentina, que, a su juicio, encaja en el presupuesto del comprador ruso con vinos fáciles de reconocer para el consumo masivo. También relaciona el mejor comportamiento de Alemania con la popularidad del riesling entre los consumidores rusos.

Maxim Chernigovsky, profesor asociado de la Academia Presidencial de San Petersburgo, sitúa el precio de importación como uno de los factores principales. A su juicio, el régimen arancelario empuja la demanda hacia Rusia y hacia proveedores alternativos en el tramo masivo del mercado. Vladimir Kosenko, responsable de desarrollo de la cartera premium de Luding Group, coincide en que la combinación de impuestos especiales y aranceles perjudica sobre todo a las importaciones de países europeos en los segmentos de entrada y medio, donde el precio marca la compra.

La diferencia se aprecia en la tienda. Boris Titov, propietario de Abrau-Durso y miembro de la dirección de la Asociación de Viticultores y Enólogos de Rusia, calcula que el vino tranquilo importado cuesta de media un 60% más que el nacional. Daria Sologub, directora de compras de Fort, sitúa el vino ruso entre 500 y 800 rublos por botella, con algunos casos de hasta 1.000 rublos. Los vinos argentinos y chilenos se mueven, por término medio, entre 600 y 1.000 rublos, mientras que los sudafricanos quedan algo por encima. Los vinos de países europeos sujetos al arancel reforzado suelen arrancar en 1.500 rublos y, en palabras de Sologub, en muchos casos han duplicado o multiplicado por 2,5 su precio.

Georgia conserva el segundo puesto en ventas de vino tranquilo tras Rusia, aunque bajó un 1,3% en el semestre. Chernigovsky recuerda que sus vinos no están afectados por el recargo aplicado a los países “no amistosos” y que existe un acuerdo de libre comercio entre Rusia y Georgia, lo que le da una ventaja de precio frente a los proveedores europeos. Sologub cree que el tramo básico del vino georgiano puede seguir perdiendo fuerza, mientras que la gama media tiene más opciones de mantener su espacio si responde mejor a la relación entre precio y calidad.

La producción rusa avanza, pero todavía tiene límites de base agrícola. La superficie de viñedo pasó de unas 105.000 hectáreas en 2023 a 110,2 mil hectáreas en 2024 y 113,3 mil en 2025. De ellas, 89,5 mil están en edad de fructificación. Chernigovsky señala que el sector calcula que harían falta alrededor de 200.000 hectáreas para abastecer por completo el mercado interior con materia prima rusa. Por eso considera posible aumentar la cuota nacional, pero no sustituir con rapidez todas las importaciones.

Ese hueco se nota también en los estilos y variedades que busca el consumidor. Alexander Stavtsev, vicepresidente de la Asociación de Expertos del Mercado Minorista, explica que Rusia produce mucha uva para vino tinto y dispone de bastante rkatsiteli entre las variedades blancas, pero la demanda se inclina hacia blancos ligeros de riesling, sauvignon blanc y pinot grigio, menos presentes en sus viñedos. Según su análisis, esa carencia mantiene la entrada de pinot grigio desde Sudáfrica, sauvignon blanc desde Chile y riesling desde Alemania, incluso con una fiscalidad alta.

En el espumoso, la situación es distinta. Las importaciones representan algo menos del 30% del mercado y dentro de ese bloque Italia domina con una cuota del 22,5%. Las ventas de espumoso italiano subieron un 7,7% en comparación con el primer semestre de 2025. Francia ocupa un 2,9% del mercado, España un 2,7% y Portugal un 1,6%. Entre los proveedores con presencia visible, solo España bajó con claridad, un 12,8%. También cayeron Georgia, un 6,3%, y Abjasia, un 66,4%, aunque en ambos casos con volúmenes muy reducidos.

Titov atribuye el avance del espumoso ruso a la política de impuestos especiales, al tipo de cambio del dólar y a una mejora de la calidad. Aun así, considera que Italia mantendrá durante mucho tiempo la segunda posición gracias al peso de asti y prosecco. Sologub añade que una botella importada de espumoso de 0,75 litros cuesta, de media, algo más del doble que una rusa comparable. El espumoso ruso se concentra sobre todo por debajo de 1.000 rublos, con muchas ventas entre 500 y 600 rublos, mientras que los importados arrancan a partir de 1.000 y el prosecco suele partir de unos 1.500.

Sotnichuk interpreta el repunte del espumoso italiano y francés como una señal de que una parte del público ha aceptado el encarecimiento y ha vuelto a categorías conocidas. Sologub añade que prosecco, crémant, champán y cava siguen muy ligados a Italia, Francia y España, y que los llamados países “amistosos” todavía no ofrecen el mismo volumen en esa categoría. Aun así, ve margen para que Argentina gane terreno y para que Chile y Sudáfrica desarrollen poco a poco su oferta.

Para la segunda mitad de 2026, los expertos prevén un mercado de vino tranquilo estancado o con una bajada moderada, mientras que el espumoso apunta al alza con la campaña de invierno. Kosenko incluso anticipa posibles faltas de algunas marcas en diciembre. A más largo plazo, Stavtsev cree que el freno del vino tranquilo refleja un cambio en el gusto del consumidor, menos inclinado a los tintos pesados y más abierto a tintos ligeros, rosados y blancos elaborados con variedades tintas. En su opinión, el mercado ruso seguirá acercándose a una relación más equilibrada entre tranquilos y espumosos, ahora situada todavía en torno a dos tercios frente a un tercio, y esa evolución dependerá tanto de las importaciones como de la base agrícola y del nivel tecnológico de las bodegas rusas.

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