Las regiones vinícolas más conocidas se enfrentan a la desaparición por el cambio climático

Un estudio sobre el clima da la voz de alarma

Lunes 01 de Abril de 2024

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La reciente publicación de un estudio científico ha puesto en relieve los desafíos crecientes que enfrentan las regiones vitivinícolas debido al cambio climático. Según investigadores de la Universidad de Burdeos, liderados por Cornelis van Leeuwen, un porcentaje alarmante, hasta el 90% de las zonas vinícolas tradicionales en áreas costeras y de baja altitud de España, Italia, Grecia y el sur de California, corren el riesgo de desaparecer para finales de este siglo. Este riesgo se atribuye a la sequía excesiva y al aumento de las olas de calor provocadas por el cambio climático. La investigación, publicada en la revista Nature Reviews Earth & Environment, no solo arroja luz sobre cómo está cambiando la geografía de la producción vinícola, sino que también explora las consecuencias del cambio en la temperatura, precipitaciones, humedad, radiación y CO2 en la producción vinícola global, además de investigar estrategias de adaptación.

Históricamente, las regiones de cultivo de vino se han situado en latitudes medias, donde el clima cálido pero no excesivo favorece la maduración de la uva sin promover enfermedades por la humedad. Sin embargo, este estudio indica que temperaturas más cálidas en regiones más al norte, como el estado de Washington, el sur del Reino Unido y Tasmania, están impulsando la aparición de nuevas zonas de cultivo de vino. La adaptación a estos cambios, según los científicos, podría ser posible mediante la modificación del material vegetal, incluyendo variedades y portainjertos, sistemas de entrenamiento y gestión general del viñedo. No obstante, advierten que estas estrategias podrían no ser suficientes para mantener una producción vinícola económicamente viable. Por ello, llaman a realizar más investigaciones para evaluar el impacto económico de la adaptación al cambio climático a gran escala.

El estudio también destaca los avances significativos ya observados en las fechas de cosecha y en los niveles de alcohol en regiones como Burdeos y Alsacia, sugiriendo que la viabilidad de estas zonas tradicionales de cultivo podría cambiar en el siglo XXI. La subida de las temperaturas y la sequía podrían poner en jaque la producción en regiones ya de por sí cálidas y secas, perdiendo su idoneidad para el cultivo de la vid, lo que acarrearía graves consecuencias socioeconómicas. Además, las regiones vinícolas de latitud media podrían verse cada vez más expuestas a las heladas primaverales debido a la brotación temprana.

Además de las subidas de temperatura, los científicos señalan otros eventos meteorológicos severos, como las tormentas de granizo que pueden dañar los cultivos, aunque consideran que algunas proyecciones son excesivamente pesimistas, ya que no tienen en cuenta la capacidad de adaptación de los viticultores a las condiciones futuras. Sin embargo, advierten que algunas regiones vitivinícolas ya están en un punto de ruptura, incluidas zonas de España y Portugal, donde las condiciones extremadamente calurosas y secas ya han provocado la paralización del crecimiento de las vides, la defoliación de las copas y pérdidas severas de cosechas.

Identificando ganadores y perdedores, los autores también resaltan problemas de preservación ambiental en las nuevas zonas vitivinícolas, donde la conversión de hábitats salvajes previamente inadecuados para la viticultura y las cuestiones de irrigación representan desafíos importantes. El surgimiento de nuevas plagas y enfermedades, así como la ocurrencia cada vez más frecuente de eventos meteorológicos extremos, suponen retos adicionales para la producción vinícola en algunas regiones, mientras que otras podrían beneficiarse de una presión reducida de plagas y enfermedades.

El estudio subraya la necesidad de programas de monitoreo que sigan de cerca estos climas extremos y sus impactos, especialmente en regiones donde el riego es esencial pero no se monitoriza adecuadamente, lo que podría revelar niveles alarmantes de estrés hídrico y permitir acciones mitigadoras. A medida que la viticultura se expande a nuevas regiones, es crucial considerar los impactos en los ecosistemas naturales y la biodiversidad, evitando la conversión de tierras salvajes, diseñando viñedos que no requieran irrigación y enfatizando la sostenibilidad y la gestión ambiental.

Este estudio subraya la complejidad de los desafíos que enfrenta el sector vinícola ante el cambio climático y resalta la importancia de adoptar estrategias de adaptación innovadoras y sostenibles para asegurar su futuro.

Artículo internacional de Vinetur, consulta la versión original.

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