Lunes 27 de Abril de 2026
El proyecto MANSO ha llegado a su fase final tras un periodo de investigación aplicada centrado en comparar distintas estrategias de gestión del suelo y del viñedo en un escenario de sequía extrema. La iniciativa nació a partir de la situación de estrés hídrico severo que afectó al sector vitivinícola, con viñedos debilitados y, en algunos casos, con mortalidad de plantas. Ese escenario llevó a impulsar conocimiento científico aplicado para responder a los efectos del cambio climático en la viticultura.
El trabajo se ha centrado en entender con precisión la dinámica del agua en el suelo y su relación con el viñedo, sobre todo en sistemas de secano. Ante la falta de datos sólidos que permitieran validar las distintas prácticas de manejo, el proyecto incorporó un componente tecnológico importante. Se instalaron sensores para monitorizar de forma continua el suelo, la planta y las condiciones ambientales, con el fin de obtener una visión más precisa del funcionamiento del sistema vitícola en situaciones de sequía.
Una de las líneas principales ha sido la comparación de diferentes técnicas de gestión del suelo, con especial atención a la introducción de cubiertas vegetales. Esta práctica se ha estudiado como una herramienta capaz de mejorar la estructura del suelo, aumentar la biodiversidad, reducir la erosión y optimizar la gestión del agua. También se ha analizado su aportación a una mayor eficiencia energética y a la sostenibilidad del sistema agrario.
Los resultados obtenidos confirman su potencial para aumentar la resiliencia del viñedo ante escenarios de sequía cada vez más frecuentes. Desde el ámbito investigador, el proyecto subraya el valor de contar con datos sólidos para cambiar la toma de decisiones en el viñedo. Alba Marco, técnica de la Universitat Rovira i Virgili, afirma que “con los datos podemos dejar atrás la intuición y trabajar con una base científica sólida. La sequía afecta tanto al crecimiento de la vid como a la calidad de la uva, incidiendo en parámetros como la acidez o los azúcares”.
En la misma línea, Álvaro Villodres, del IRTA, señala el carácter estratégico del proyecto y su proyección futura. Según explica, “estos ensayos pueden ser una referencia para el sector a medio y largo plazo y ayudar a transformar la gestión del viñedo”. Añade además que “las cubiertas vegetales aportan beneficios estructurales y ambientales en cualquier escenario climático”.
Lluís Giralt, investigador de la sección de viticultura del INCAVI, subraya que “el proyecto ha desplegado una infraestructura tecnológica con sensores que aportan información detallada del sistema suelo-planta-atmósfera”. También remarca que “es un proyecto orientado al viñedo de secano, donde entender la disponibilidad de agua es clave para su sostenibilidad futura”.
Desde el sector productivo, las bodegas participantes valoran la aplicación práctica de los resultados, sobre todo por la mejora en la toma de decisiones en el viñedo. Óscar Llombart, de Bodegues Sumarroca, indica que “es imprescindible entender mejor el suelo para optimizar los recursos hídricos disponibles durante el año”. Àlex Torelló, de Celler Kripta, añade que “hay que aprender a interpretar el suelo y los datos para tomar mejores decisiones en el viñedo”.
Lluís Coll, de Masia Vallformosa, pone el foco en el impacto del proyecto sobre la calidad del producto final y afirma que “estos proyectos permiten asesorar mejor a los viticultores y asegurar la calidad y el momento óptimo de vendimia”. En la misma línea, el sector productivo insiste en la necesidad de dar continuidad a estas iniciativas para consolidar resultados y ampliar su alcance. Pere Llopart, de Llopart, subraya que “los resultados en viticultura requieren tiempo y es necesario continuar el proyecto para obtener más datos”.
Josep Jiménez Garcia, de Juvé & Camps, resume el cambio conceptual que ha supuesto la iniciativa al afirmar que “hemos realizado un cambio de paradigma: hemos aplicado criterios de regadío a la viticultura de secano”.
El proyecto, coordinado por INNOVI y con la participación de las bodegas Bodegues Sumarroca, Celler Kripta, Juvé&Camps, Masia Vallformosa y Llopart, junto con los centros IRTA, INCAVI y la Universitat Rovira i Virgili, y con la colaboración de AECAVA, ha reforzado la conexión entre la investigación científica y el sector productivo. Cofinanciado por la Unión Europea a través de la intervención 7161 del Plan estratégico de la PAC (PEPAC) 2023-2027, este proyecto piloto innovador se presenta como una herramienta para avanzar hacia una viticultura más sostenible, eficiente y preparada para los efectos climáticos del futuro. El vídeo informativo con las conclusiones está disponible en YouTube bajo el título Proyecto MANSO: Conclusiones.