La zalema impulsa el enoturismo del Condado de Huelva

El vino blanco autóctono ocupa el 86% del viñedo y marida con la cocina marinera de la comarca

Viernes 15 de Mayo de 2026

Compártelo

Leído › 737 veces

La zalema impulsa el enoturismo del Condado de Huelva

El Condado de Huelva gana espacio en las rutas de enoturismo por una combinación que une vino, costa y cocina local. La zona, situada entre viñedos, marismas y pinares, trabaja sobre todo con la uva zalema, que ocupa el 86% de las plantaciones de la denominación de origen protegida Condado de Huelva. Con ella se elaboran vinos blancos jóvenes y también otras referencias con más paso por bodega, además del conocido Vino Naranja.

La zalema es una variedad blanca autóctona que se adapta bien al clima de la comarca, con inviernos suaves, veranos calurosos y la influencia del Atlántico cerca. De esa uva salen vinos frescos, con notas de manzana verde y matices florales. Son vinos pensados para acompañar la comida y para beber en mesa, una idea que encaja con la forma en que muchas bodegas de la zona trabajan desde hace generaciones.

En Bollullos par del Condado, Bodegas Juncales mantiene naves de crianza con botas de roble que reflejan ese trabajo continuado. En la misma localidad opera Bodegas Oliveros, mientras que en Rociana del Condado está Bodegas Contreras Ruiz. También figura Bodegas Privilegio del Condado, con una nave amplia y arquitectura tradicional. Todas forman parte de un tejido bodeguero que sostiene buena parte de la identidad vinícola del territorio.

La relación entre vino y cocina se entiende bien en esta comarca porque el mar está cerca. La costa onubense aporta gambas blancas, langostinos, coquinas y chocos, productos que aparecen con frecuencia en bares y restaurantes de la provincia. El choco a la plancha suele ir bien con un blanco joven de zalema, por su frescura y su capacidad para limpiar el paladar. Las coquinas, preparadas con ajo, aceite y perejil, piden también un vino blanco sin exceso de madera ni peso.

Cuando el plato tiene más intensidad, el vino cambia. Los arroces marineros con carabineros o los guisos más concentrados admiten blancos con más cuerpo, elaborados con reposo en cemento o en madera. En esos casos aparecen aromas de fruta madura y una boca más amplia. La oferta no se limita a los blancos: algunas bodegas elaboran tintos con syrah, tempranillo, cabernet sauvignon o merlot, pensados para platos como el atún de almadraba o pescados grasos servidos a la plancha.

El Vino Naranja ocupa un lugar propio dentro de esta oferta. Su elaboración parte de la maceración de cortezas de naranja en alcohol vínico durante al menos seis meses. Después pasa por crianza en barrica mediante criaderas y soleras durante un mínimo de dos años. El resultado es un vino aromatizado con notas cítricas y especiadas que se sirve tanto con postres como con jamón ibérico de bellota de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche.

La historia comercial del Vino Naranja se remonta al siglo XIX, cuando Bodegas del Diezmo Nuevo de Moguer ya lo vendía con buena acogida. Juan Ramón Jiménez lo citó en Platero y yo con una imagen que ha quedado asociada a este producto. Esa referencia literaria forma parte también del relato del Condado, donde el vino no se entiende solo como bebida, sino como parte de una economía local ligada al campo, la bodega y la mesa.

El recorrido por esta comarca incluye pueblos como Bollullos par del Condado, Rociana del Condado y La Palma del Condado, además del entorno próximo a Doñana y a Mazagón. En ese espacio conviven bodegas familiares, restaurantes especializados en producto marino y una oferta turística que busca atraer a visitantes interesados en conocer cómo se relacionan el viñedo y el litoral onubense.

¿Te gustó el artículo? Compártelo

Leído › 737 veces