Los viñedos recuperan animales para reducir químicos y mejorar la salud del suelo

Caballos, ovejas y cerdos regresan al campo como alternativa ecológica y económica frente a herbicidas y maquinaria pesada

Viernes 10 de Abril de 2026

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Winegrowers Worldwide Reintroduce Animals to Vineyards in Shift Away From Chemicals and Machinery

Viticultores en diferentes regiones del mundo están recuperando una práctica agrícola que había caído en desuso durante décadas: la integración de animales en los viñedos. Esta tendencia responde a la búsqueda de alternativas a los métodos tradicionales de control de hierbas y mantenimiento del suelo, como el uso de herbicidas químicos y el desbroce mecánico, ambos con efectos negativos sobre el medio ambiente y la salud del suelo.

El uso de herbicidas químicos sigue siendo habitual en zonas como Champagne, aunque se sabe que perjudican el suelo, el agua y el aire. Por otro lado, el desbroce mecánico puede dañar los troncos o raíces de las vides y aumentar la huella de carbono debido al consumo de diésel por parte de los tractores. Además, ambos métodos pueden compactar el suelo y favorecer la erosión. La dependencia del petróleo, agravada por la situación internacional tras la guerra en Irán, ha impulsado a algunos productores a buscar soluciones menos dependientes de recursos fósiles.

La reintroducción de animales en los viñedos no es una novedad. Antes de la mecanización agrícola, caballos, ovejas, cerdos y aves formaban parte habitual del paisaje vitícola. Sin embargo, la agricultura intensiva y la especialización eliminaron progresivamente su presencia. En los últimos años, algunos viticultores han decidido recuperar esta tradición por sus beneficios ecológicos y económicos.

El caballo fue uno de los primeros animales en regresar a los viñedos, especialmente en explotaciones biodinámicas. Estudios recientes han demostrado que el trabajo con caballos mejora la estructura del suelo y favorece la vida microbiana. Un estudio realizado en 2021 concluyó que arar con caballos aumenta la observación y comprensión del ecosistema agrícola por parte del viticultor. Otro trabajo académico publicado en 2016 comparó el uso de tractores y caballos en viñedos y señaló que los suelos trabajados con caballos presentaban mejor estructura y mayor actividad biológica. Aunque el trabajo con caballos requiere más mano de obra que el uso de tractores, su presencia se ha extendido a viñedos con diferentes filosofías agrícolas en países como España, Francia, Nueva Zelanda o Chile.

Las ovejas también han encontrado un papel importante en los viñedos, especialmente en Nueva Zelanda. Allí se utilizan durante el invierno para mantener bajo control las hierbas entre las filas de vides. Algunas razas incluso limpian los troncos de las plantas. Los ganaderos valoran esta oportunidad porque los suelos vitícolas suelen estar libres de parásitos ovinos. Paddy Borthwick, productor neozelandés que combina viñedo y ganadería ovina desde hace 15 años, utiliza las ovejas para pastoreo invernal y para eliminar hojas en primavera. Según Borthwick, un equilibrio de 15 ovejas por hectárea permite mantener la hierba baja sin afectar negativamente al suelo.

Un estudio publicado en 2018 analizó los beneficios ecológicos y económicos del pastoreo ovino en viñedos e indicó que reduce la necesidad de herbicidas y siegas mecánicas. Además, disminuye los costes laborales asociados al mantenimiento del viñedo. Investigaciones realizadas por la Universidad de California Davis en 2022 confirmaron que el pastoreo prolongado estimula procesos biológicos que mejoran la fertilidad del suelo e incrementan la retención de carbono.

En Francia también se está recuperando esta práctica. Claude y Lydia Bourguignon, especialistas en suelos, han integrado ovejas durante el invierno en su viñedo Domaine Laroque-d'Antan (Cahors) para mejorar la fertilidad del terreno. En Champagne, productores como Thomas Perceval o Moët & Chandon han incorporado ovejas a sus parcelas durante los últimos años.

Los cerdos también están siendo utilizados como aliados agrícolas. La raza kunekune originaria de Nueva Zelanda es apreciada por su capacidad para limpiar restos vegetales y controlar plagas al remover el suelo buscando insectos. Cedric Moussé, productor champenoise, ha comprobado mediante análisis que los cerdos mejoran notablemente la fertilidad del suelo e incluso aumentan el rendimiento en parcelas afectadas por enfermedades virales.

Las aves también cumplen funciones útiles: algunas razas de gallinas ayudan a airear el suelo y mejorar su capacidad para retener agua. En Sudáfrica, desde 2020 unos 2.000 patos recorren los viñedos de Vergenoegd Löw alimentándose de babosas y caracoles; además se han convertido en un atractivo turístico para visitantes interesados en prácticas agrícolas sostenibles.

En Sudáfrica también hay fincas como Reynecke donde se emplea ganado vacuno Nguni durante el invierno para pastorear entre las vides y labrar el terreno siguiendo principios biodinámicos. Aunque no es frecuente ver vacas en viñedos europeos, un estudio reciente demostró que su presencia entre otoño y primavera mejora la estructura del suelo sin efectos negativos aparentes.

La integración animal requiere ciertas precauciones: por ejemplo, antes de introducir ovejas conviene analizar posibles residuos tóxicos como cobre procedente de tratamientos fitosanitarios contra mildiu.

La recuperación del uso tradicional de animales responde tanto a razones medioambientales como económicas: reduce insumos externos, mejora la salud del suelo y puede atraer visitantes interesados en conocer métodos agrícolas respetuosos con el entorno natural.

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