El relevo generacional se afianza en las bodegas familiares italianas

Las empresas con jóvenes al frente registran ingresos un 8,8% superiores a la media

viernes 16 de octubre de 2026

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El relevo generacional gana peso en las empresas vinícolas familiares italianas. En 2025, el 39,2% de estas compañías tenía la sucesión en marcha y otro 30,4% ya la había completado, de acuerdo con el informe Visione Vino 2026, elaborado por The European House Ambrosetti y presentado este viernes, 16 de octubre, en Voghera, en la provincia de Pavía.

La distancia entre ambos grupos es de 8,8 puntos porcentuales. El dato no refleja una variación anual, sino una fotografía del sector en 2025: había más bodegas inmersas en el proceso de relevo que empresas que ya lo habían cerrado. En un negocio muy ligado a la propiedad familiar, esa distribución ayuda a medir cómo se prepara la continuidad de las compañías y en qué momento toman decisiones de inversión.

The European House Ambrosetti sostiene además que la entrada de nuevas generaciones va unida a mejores resultados. Las empresas que han incorporado a jóvenes registran ingresos un 8,8% por encima de la media y una propensión a invertir un 18% superior, según el estudio.

Benedetta Brioschi, socia y responsable de Food&Retail de TEHA Group, afirma que el 65% del patrimonio del sector del vino está en manos de familias. La proporción sube hasta el 81,5% si se añaden las cooperativas. A su juicio, el relevo generacional puede reforzar a las bodegas, aunque advierte de que la cadena sigue formada casi por completo por pequeñas empresas, con menos recursos para invertir, innovar y mantener una presencia regular en los mercados internacionales.

El informe sitúa además al vino como una actividad más joven que el conjunto de la agricultura italiana. La edad media de los empresarios del sector es de 45 años, frente a los 60 años de media en la agricultura. Esa diferencia apunta a una renovación más avanzada en las bodegas que en otras ramas agrarias, aunque el peso de la empresa familiar mantiene la sucesión como una cuestión básica para muchos proyectos.

Ambrosetti también calcula la dimensión económica del negocio más allá de la producción estricta. En 2025, el sector vitivinícola generó una facturación de 16.500 millones de euros. A esa cifra se sumaron otros 20.300 millones procedentes de actividades relacionadas, como los servicios, la intermediación, la distribución y la restauración, hasta elevar el volumen de negocio de la cadena ampliada a 36.800 millones.

El valor añadido directo alcanzó 15.100 millones de euros. Si se incorporan los efectos indirectos e inducidos sobre las actividades situadas antes y después de la elaboración, la aportación total sube a 40.700 millones, el 2,1% del PIB italiano, siempre según los cálculos de Visione Vino 2026. El sector reúne 241.000 explotaciones agrarias, más de 1.500 empresas industriales y 681.000 hectáreas de viñedo.

Esa dimensión convive con una fase más débil del consumo internacional. Ambrosetti señala que la ralentización de la demanda está aumentando el vino sin vender en las bodegas italianas. En junio, las existencias alcanzaron 46,5 millones de hectolitros, un 6,7% más que un año antes, el equivalente a 6.200 millones de botellas.

La acumulación de producto ha tenido efecto en los precios. El precio medio del vino italiano bajó un 10%, según el informe. Brioschi sostiene que, para mejorar la posición exterior del sector, hace falta actuar de forma coordinada, aumentar el tamaño empresarial y reforzar el reconocimiento del vino italiano.

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