Italia impulsa una reforma para llevar las variedades PIWI a los vinos DOC y DOCG
Cada denominación mantendría la última palabra sobre su entrada en los vinos de mayor reconocimiento oficial
jueves 15 de octubre de 2026

Italia ha puesto sobre la mesa una reforma para permitir que las variedades de uva PIWI puedan entrar también en los vinos con denominación DOC y DOCG. La iniciativa se presentó este jueves, 15 de octubre, en Voghera, en la zona de Oltrepò Pavese, con el compromiso conjunto del senador Gian Marco Centinaio, de la Liga y vicepresidente del Senado, y de la diputada Antonella Forattini, portavoz del Partido Democrático en la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados.
La propuesta pasa por modificar el Texto Único del Vino italiano. El cambio abriría la puerta a que estas variedades resistentes se pudieran usar en las denominaciones de mayor rango, aunque la decisión final seguiría en manos de cada consorcio y de las normas de producción de cada DOC o DOCG. Los promotores recuerdan, además, que la normativa europea ya contempla esa posibilidad.
Las PIWI son variedades obtenidas para ofrecer mayor resistencia a determinadas enfermedades, sobre todo de origen fúngico. Quienes apoyan su entrada en las denominaciones italianas sostienen que pueden ayudar a reducir tratamientos en el viñedo, a rebajar el consumo de agua y a adaptar mejor parte del viñedo a episodios ligados al cambio climático. En el sector, estas uvas generan debate: para una parte de los productores son todavía una línea minoritaria, mientras que otros las ven como una herramienta útil para la viticultura de los próximos años.
El impulso político se produjo durante un encuentro celebrado dentro de “50 sfumature di Pinot Noir”. Centinaio y Forattini asumieron públicamente el compromiso de activar en las próximas semanas una iniciativa parlamentaria compartida para sacar adelante la reforma antes de que termine la legislatura italiana. En el acto también intervinieron los profesores Attilio Scienza y Luciano Brancadoro, además del enólogo Nicola Biasi, uno de los profesionales que más ha defendido el uso de variedades PIWI.
En el encuentro se recordó que Italia tiene en este momento 36 variedades PIWI inscritas en el Registro Nacional de Variedades de Vid. De ellas, 18 son de uva blanca y otras 18 de uva tinta. Ese reparto muestra que el material vegetal ya disponible no se limita a un solo perfil de vino y que, al menos desde el punto de vista registral, existe una base amplia para un posible desarrollo futuro.
La plantación de al menos algunas de estas variedades ya está autorizada en Piamonte, Lombardía, Trentino-Alto Adigio, Véneto, Friuli-Venecia Julia, Emilia-Romaña, Marcas, Abruzos, Lacio y Campania. La autorización, no obstante, depende de disposiciones regionales distintas. Esa diversidad normativa hace que el mapa italiano no sea uniforme y que la implantación real de estas uvas varíe de una zona a otra.
A día de este jueves, 15 de octubre, las bodegas italianas pueden emplear variedades PIWI en la elaboración de vinos IGT, siempre que respeten las reglas locales y los pliegos aplicables. El paso que ahora se plantea consiste en extender esa opción a los vinos DOC y DOCG, que en Italia están sujetos a condiciones más estrictas sobre origen, variedades admitidas y métodos de producción. Para las bodegas interesadas, el cambio no supondría una autorización automática, sino la posibilidad de que cada denominación decida si quiere incorporarlas.
Ese matiz es uno de los puntos centrales de la propuesta. Los impulsores no plantean que todas las denominaciones italianas deban aceptar estas uvas, sino que tengan la capacidad legal de valorarlo. En la práctica, el debate se trasladaría después a los consorcios y a los órganos que gestionan y protegen cada denominación, que podrían mantener el modelo actual o introducir ajustes en función de su realidad agronómica y comercial.
La iniciativa llega en un momento en el que parte del viñedo europeo busca fórmulas para reducir insumos y contener el efecto de enfermedades y periodos de sequía. En Italia, ese debate adquiere un valor añadido porque afecta a la arquitectura de sus denominaciones de origen, uno de los pilares del vino del país. Si la reforma avanza en el Parlamento, el sector tendrá que decidir hasta qué punto quiere incorporar estas variedades a los vinos de mayor reconocimiento oficial.