La compra de Louis Roederer reabre la alarma por la especulación en Borgoña

El encarecimiento del viñedo amenaza la transmisión familiar y refuerza la imagen elitista de la región

lunes 27 de julio de 2026

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La compra de la bodega Pierre Damoy por parte del grupo champañés Louis Roederer ha reabierto en Borgoña el debate sobre el encarecimiento del suelo vitícola y su efecto sobre las explotaciones familiares. La operación se hizo oficial este viernes, 24 de julio, tras varios meses de negociaciones, según informa AFP.

Louis Roederer calificó la adquisición como “un momento histórico”. Se trata de su primera compra en Borgoña, coincidiendo con el 250 aniversario de la casa. Su presidente y director general, Frédéric Rouzaud, definió la propiedad como una “joya”.

El viñedo Pierre Damoy, situado en la denominación Gevrey-Chambertin, en Côte-d’Or, reúne cerca de ocho hectáreas con sus socios, lo que equivale al 10% de los grands crus de Gevrey-Chambertin. Además, posee 5,36 hectáreas en Chambertin Clos de Bèze, alrededor de un tercio de esa denominación.

El importe de la operación no se ha hecho público. Ni Louis Roederer ni Pierre Damoy han comunicado la cifra. AFP recoge que, con los precios que se manejan en el mercado, un grand cru prestigioso de Borgoña puede venderse por entre dos y tres millones de euros por ouvrée, una medida local de superficie de la que 24 unidades equivalen a una hectárea. Con esa referencia, el valor teórico de la finca se situaría entre 350 millones y más de 500 millones de euros. Fuentes próximas al expediente citadas por AFP sitúan, no obstante, el precio más cerca de los 300 millones.

La comparación inmediata es Clos de Tart, en Morey-Saint-Denis, adquirido en 2017 por François Pinault por 280 millones de euros. Louis Roederer ya había intentado entrar entonces en Borgoña con esa propiedad.

La dimensión económica de estas operaciones preocupa a parte del sector. Michel Barraud, copresidente del Comité des vins de Bourgogne, lamentó ante AFP que estos grands crus se hayan convertido en “una herramienta de especulación”, con precios “desconectados” de la realidad. A su juicio, esa evolución aleja a la tierra de su función como instrumento de trabajo y complica su transmisión dentro de las familias viticultoras.

Barraud advirtió además del efecto que esta imagen puede tener sobre Borgoña. En su opinión, proyecta una región “elitista e inaccesible”, pese a que buena parte de sus vinos se venden entre 10 y 15 euros la botella. “Una botella está hecha para abrirse y no para quedarse en una vitrina”, afirmó a AFP.

Desde la Safer, el organismo regulador del suelo agrario en Francia, también admiten la presión sobre los precios. Sébastien Richard, director para Côte-d’Or, señaló a AFP que se ha llegado a un nivel “complicado” y habló de una desconexión entre el valor pagado por la tierra y su rentabilidad como herramienta de trabajo para el viticultor.

Richard precisó que el suelo vitícola borgoñón sigue muy buscado y que la oferta es mínima: cada año salen al mercado entre 90 y 100 hectáreas sobre un total cercano a las 30.000 hectáreas de viñedo en Borgoña. Según sus datos, para una sola hectárea en venta pueden presentarse varias decenas de candidatos; en una operación reciente hubo 80 aspirantes para una hectárea.

Ese desequilibrio entre oferta y demanda empuja los precios al alza año tras año. Richard matiza, sin embargo, que no siempre son grandes inversores quienes alimentan esa subida. En la mayoría de los casos, afirma, los compradores son arrendatarios, estructuras locales o bodegas que buscan ganar tamaño en una región donde la superficie media por explotación ronda entre seis y siete hectáreas.

La tensión sobre el precio del viñedo tiene efectos que van más allá del mercado inmobiliario agrario. Puede condicionar quién entra en el negocio del vino, qué peso mantienen las bodegas familiares y cómo se organiza la oferta en una zona clave para los vinos premium franceses. También influye en la capacidad del sector para renovar generaciones sin depender solo de grupos con gran capacidad financiera.

Richard subrayó además que Côte-d’Or es una excepción dentro del viñedo francés. Frente a las arrancadas registradas en Burdeos y a las dificultades para encontrar comprador en algunas zonas, en Borgoña la escasez de tierra mantiene intacto el interés por cada parcela disponible.

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