Lunes 01 de Junio de 2026
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El Instituto Alemán del Vino ha puesto en marcha una estrategia para 2026 con la que quiere ampliar la base de consumidores y reducir su dependencia de una sola variedad, el Riesling. La entidad trabaja con vinos más ligeros, estilos con menos alcohol, variedades resistentes a enfermedades y mensajes pensados para públicos jóvenes, sobre todo la generación Z y la generación Y.
El cambio no supone un abandono del Riesling, que sigue siendo la referencia del vino alemán en muchos mercados. Pero sí marca una nueva línea comercial y de comunicación. En Reino Unido, la campaña anual “31 Days of German Riesling” pasó en 2025 a llamarse “31 Days of German Wine”, una decisión que reflejó el interés del sector por dar espacio a otras variedades y estilos.
Melanie Broyé-Engelkes, directora general del DWI, define el Riesling como el “líder sabio” de la familia del vino alemán. Según su planteamiento, esa variedad ayudó a construir la imagen internacional del país y abrió camino a otras uvas como Pinot Noir, Pinot Blanc, Chardonnay y Sauvignon Blanc. El instituto quiere aprovechar esa base para presentar una oferta más amplia y adaptada a los cambios de consumo.
Uno de los factores que pesa en esta reorientación es el clima. Broyé-Engelkes señala que los vinos blancos ligeros representan ya alrededor de dos tercios de la producción alemana. Esa cifra encaja con una demanda que se mueve hacia blancos frescos y espumosos, mientras pierde peso el consumo de tintos más pesados en varios mercados europeos.
La nueva responsable del DWI llegó al cargo el pasado julio tras una trayectoria en perfumería, cosmética y whisky. Su experiencia fuera del vino influye en su forma de trabajar. En su visión, el sector debe mantener su origen y su historia, pero con un lenguaje más simple y una imagen menos técnica. Su lema es conservar las raíces y abrir nuevas vías de comunicación.
El instituto ha realizado grupos de discusión en Alemania con consumidores de entre 18 y 24 años y con otros de entre 25 y 34. Con esos datos ha diseñado una hoja de ruta para 2026. El primer foco estará en la generación Y, que el DWI considera más cercana al vino que la generación Z y más fácil de incorporar al consumo habitual.
La estrategia se basa en vinos blancos ligeros, con fruta marcada y algo más de dulzor, pensados como puerta de entrada frente a bebidas espirituosas o bebidas listas para tomar. También incluye mensajes centrados en sostenibilidad, autenticidad y estilo de vida, sin recurrir a un lenguaje técnico que pueda alejar a nuevos compradores.
Durante 2026, el DWI probará estas ideas en Alemania mediante campañas en redes sociales y acciones con medios comerciales. Después estudiará su posible extensión a otros mercados, entre ellos Reino Unido. La entidad insiste en que no busca sustituir a los consumidores actuales, sino sumar nuevos perfiles sin perder al público mayor de 45 años, que sigue siendo la base del negocio.
En Reino Unido, esa línea ya tiene traducción comercial. Nicky Forrest, directora general de Phipps, cree que conviene trabajar con variedades conocidas por el consumidor británico, como Chardonnay, Pinot Noir, Pinot Grigio y Sauvignon Blanc. A su juicio, esas uvas pueden servir como entrada para quienes ven el Riesling alemán como una opción menos familiar.
La imagen también forma parte del plan. El DWI impulsa nuevos envases, la iniciativa Generation Riesling y el cambio de nombre de su campaña británica para modernizar la percepción del vino alemán en la distribución. En ese mercado ya aparecen ejemplos concretos: German Sauvignon Blanc ha entrado en la gama Taste the Difference de Sainsbury’s.
La apuesta no se limita a los blancos aromáticos o a los vinos fáciles de beber. El sector alemán también quiere ganar espacio con Chardonnay y Pinot Noir. Shane Jones, educador especializado en vino alemán, sostiene que esas dos variedades burgundias pueden convertirse en las próximas referencias del país si se mantiene el trabajo en viñedo y bodega.
Jones apunta a zonas como el Palatinado, donde los suelos calizos permiten elaborar vinos con nivel suficiente para medirse con ejemplos internacionales. En su opinión, Alemania puede ofrecer espumosos elaborados con Chardonnay y Pinot Noir que compiten bien en relación calidad-precio frente a champanes básicos. También ve recorrido en tintos más suaves y directos que los borgoñones clásicos.
El Chardonnay alemán suele mostrar precisión, equilibrio y frescura. El Pinot Noir tiende a dar vinos más redondos y accesibles, con fruta roja limpia, acidez viva y tanino fino. Ese perfil encaja con una parte del mercado que busca vinos menos pesados y más fáciles de beber sin renunciar a calidad.
Junto a estas líneas aparece otra vía: los vinos sin alcohol o con bajo contenido alcohólico. El DWI considera que pueden ayudar a captar consumidores jóvenes que reducen su consumo o alternan bebidas distintas según la ocasión. En ese segmento, el Riesling parte con ventaja por su acidez natural y su capacidad para mantener frescura cuando se elimina el alcohol.
También ganan espacio las variedades PIWI, resistentes a enfermedades fúngicas y pensadas para reducir tratamientos en viñedo. Para el instituto alemán forman parte de una oferta más amplia que combina sostenibilidad, adaptación climática e innovación técnica. La idea es presentar el vino alemán como un sector capaz de responder a nuevas demandas sin perder identidad ni peso comercial.
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