Los aranceles al whisky cambiaron los precios dentro de Estados Unidos

Kentucky y Tennessee fueron la excepción con subidas de precio y ventas un 3% mayores

martes 27 de octubre de 2026

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Los aranceles al whisky cambiaron los precios dentro de Estados Unidos

El 13 de septiembre, Donald Trump anunció en el Abierto de Irlanda que prevé retirar el arancel estadounidense del 10% al whiskey irlandés. La decisión llegó pocos meses después de que la Casa Blanca rebajara su presión sobre el whisky escocés. En ese mismo momento, un estudio académico sobre la guerra comercial iniciada en 2018 aporta una pista clara sobre lo que ocurre cuando el whisky entra en una disputa arancelaria: el efecto no se queda en la frontera y termina moviendo precios dentro de Estados Unidos.

La investigación, firmada por Carlyle Burd, de North Carolina State University, y Victor Ferguson, de la University of Kentucky, y aceptada para su publicación en The Accounting Review, concluye que los aranceles impuestos en 2018 por China, México y la Unión Europea al whisky estadounidense alteraron el mercado interior de forma desigual. En gran parte del país, el whisky de producción nacional se abarató frente al importado. En Kentucky y Tennessee, en cambio, subió de precio y aun así vendió más.

El trabajo parte de un hecho conocido en el sector: el bourbon de Kentucky y el whiskey de Tennessee son productos muy vinculados a Estados Unidos. Una resolución del Congreso de 1964 definió el bourbon como un “producto distintivo” del país, y la legislación de Tennessee fija cómo debe elaborarse su whiskey. Burd y Ferguson recuerdan que Kentucky y Tennessee producen más del 86% del whisky estadounidense que se vende en el mercado interno y que Kentucky, por sí sola, elabora el 95% del bourbon mundial.

Los autores sitúan el origen del problema en 2018, cuando Washington aprobó aranceles al acero y al aluminio. China, México y la Unión Europea respondieron con gravámenes de entre el 10% y el 25% al whisky de Estados Unidos. Burd y Ferguson sostienen que la elección de este producto tuvo un fuerte componente político, porque golpeaba a Kentucky, el estado del entonces líder republicano del Senado, Mitch McConnell, aunque el litigio inicial no tenía relación con las bebidas espirituosas.

El peso económico del whisky en esa zona ayuda a medir el alcance de la medida. La Kentucky Distillers’ Association calcula que la destilación sostiene 23.100 empleos, 1.630 millones de dólares en salarios y 9.000 millones de dólares de actividad económica al año en ese estado. En Tennessee, el impacto económico asociado al turismo del whiskey se estima en 3.450 millones de dólares. A eso se suman las compras de grano a agricultores y de vidrio, barricas y corchos a proveedores. Poco después de la entrada en vigor de los aranceles, el Distilled Spirits Council of the United States informó de pérdida de pedidos de exportación, pausas en la contratación y recortes en la compra de cereal. Brown-Forman, propietaria de Jack Daniel’s, cifró el impacto negativo para 2018 en 125 millones de dólares.

La cuestión central del estudio era qué hacen los productores en casa cuando pierden una parte importante de sus ingresos exteriores. Suben precios para compensar o los bajan para mover existencias. En el whisky, además, el problema tiene una dificultad adicional: buena parte de los productos pasan unos cuatro años en barrica, de modo que las decisiones de producción se toman con mucha antelación. Si la demanda exterior cae de golpe, las barricas ya están llenas.

Para medir ese ajuste, Burd y Ferguson utilizaron datos de Nielsen sobre ventas en unas 8.700 tiendas y alrededor de 2.500 productos. Compararon el comportamiento del whisky estadounidense con el del importado, con referencias como Jameson, Crown Royal y Glenfiddich, antes y después del inicio de los aranceles a mediados de 2018. Los autores subrayan que su ventana de análisis evita una interferencia importante: Estados Unidos no aplicó aranceles al whisky importado hasta octubre de 2019, por lo que en el periodo estudiado no se mezclan ambas medidas.

El resultado general fue una bajada del precio relativo del whisky estadounidense en la mayor parte del país y un aumento aproximado del 3% en el volumen vendido. Es decir, al perder parte del negocio exterior, las destilerías colocaron más producto en el mercado interno a un precio más bajo frente a las marcas importadas.

Ese movimiento fue más visible en los estados donde beber whisky es menos habitual. Allí, los recortes de precio fueron, según los autores, unas 11 veces mayores que en los estados donde el consumo de esta categoría es más popular. En estos últimos, el estudio no encuentra pruebas claras de bajadas de precios. La interpretación de Burd y Ferguson es que las empresas recortaron más donde el comprador era más sensible al precio y donde había más margen para ganar cuota frente al importado.

Kentucky y Tennessee rompieron ese patrón. En ambos estados, el whisky estadounidense subió de precio y las ventas por unidad también avanzaron cerca de un 3%. El aumento, además, se concentró en el producto local: whiskey de Tennessee vendido en Tennessee y bourbon de Kentucky vendido en Kentucky. Los autores consideran que las destilerías aprovecharon la fidelidad del comprador local y la demanda turística, menos sensible al precio, para recuperar parte del ingreso perdido fuera del país.

La atención mediática pudo reforzar ese comportamiento. El estudio recoge más de 600 artículos sobre los aranceles al whisky en Kentucky y más de 200 en Tennessee solo en 2018, además de picos de cobertura nacional cuando se anunciaron y se aplicaron las medidas. Burd y Ferguson plantean que esa exposición pública ayudó a reforzar el apoyo al producto local en un momento de tensión política y comercial.

La investigación cobra nueva actualidad por el giro reciente de la política comercial estadounidense en bebidas alcohólicas. Desde que varias provincias canadienses retiraron del lineal el alcohol de Estados Unidos en 2025, las exportaciones de bebidas espirituosas estadounidenses a Canadá han caído un 70%, de acuerdo con una coalición del sector. No se trata de aranceles, sino de vetos, y el golpe es aún más directo porque las ventas pasan a cero en los puntos afectados. Además, el 29 de septiembre, Estados Unidos activó su propia prohibición sobre bebidas espirituosas y vino de Canadá, una medida con efecto directo sobre minoristas, bares y consumidores del país.

Para el negocio de bebidas, el valor de este estudio va más allá del bourbon. Sirve como referencia para anticipar cómo una represalia comercial puede trasladarse a márgenes, existencias y precios en categorías con producción lenta y fuerte dependencia de la exportación. También muestra que el impacto no es uniforme: una misma medida puede abaratar una botella en un estado y encarecerla en otro, según la lealtad del comprador, el peso del turismo y la facilidad para sustituir el producto por otra marca o por otra bebida.

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