La campaña de la uva en Estados Unidos encara un cierre muy desigual entre regiones

Las heladas dejan viñedos sin vendimia en el este, con ayudas extraordinarias en Virginia

miércoles 30 de septiembre de 2026

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La campaña de la uva en Estados Unidos encara un cierre muy desigual entre regiones

La campaña de la uva en Estados Unidos entra en su tramo final con una cosecha muy desigual entre regiones, daños por heladas en parte del este del país y varias medidas públicas para mejorar la información agraria y aliviar la falta de materia prima en zonas afectadas. La National Grape Research Alliance, que agrupa a entidades del sector, sitúa el cierre de septiembre como un momento de balance para una vendimia marcada por calendarios muy distintos según el tipo de uva y el estado.

En la costa este, el arranque de la molturación coincidió en septiembre con un temporal del noreste que, a juicio de la alianza, podía empeorar las perspectivas de una cosecha ya corta. A eso se suma el impacto de las heladas de la pasada primavera, que dañaron yemas e incluso cepas enteras entre Ohio y Virginia. La organización afirma que hay productores que no van a vendimiar este año por esas pérdidas.

En el otro extremo, parte de California abrió campaña antes de lo habitual. La cosecha de uva de mesa comenzó el 28 de abril, unas dos semanas y media antes de lo normal, según la información sectorial reunida por la alianza. La vendimia de uva para vino arrancó el 30 de junio, en lo que varias voces del sector describen como uno de los comienzos más tempranos de los que se tiene memoria reciente. La campaña de la pasa también se adelantó y empezó a finales de julio. En cambio, las variedades de zumo Concord y Niagara iniciaron la recolección a mediados de septiembre en el estado de Washington y en la franja del lago Erie, en fechas más próximas a las habituales.

En paralelo a esa campaña irregular, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) ha presentado en septiembre un plan para modernizar la recogida de datos agrarios. La secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, anunció una hoja de ruta con la que el departamento quiere mejorar la rapidez, la precisión y la utilidad de la información que usa para elaborar estimaciones de cultivos y ganado, herramientas de gestión del riesgo, ayudas por catástrofes y decisiones empresariales de agricultores, ganaderos, investigadores y responsables públicos.

El plan del USDA se apoya en cuatro líneas de trabajo. La primera pasa por cambiar la forma en que los productores remiten información. El departamento quiere ampliar el uso de datos administrativos, mejorar el acceso a las encuestas desde el móvil, incorporar formularios con información ya precargada y coordinar mejor los sistemas internos para reducir peticiones duplicadas. Con ello busca que los agricultores dediquen menos tiempo a tareas de notificación.

La segunda línea consiste en un programa piloto para comprobar si las imágenes por satélite, las herramientas geoespaciales, los modelos de cultivo y otras tecnologías emergentes pueden mejorar las estimaciones de superficie y rendimiento cuando se combinan con los datos aportados por los productores. La tercera prevé renovar la infraestructura tecnológica del USDA, ampliar las capacidades de intercambio seguro de datos y evaluar el uso de inteligencia artificial y aprendizaje automático para integrar sistemas y generar información con mayor rapidez. La cuarta se centra en la privacidad y en explicar con más claridad por qué se solicita cada dato y cómo se utiliza.

Para el negocio de la uva, esa modernización llega en un momento en el que la información sobre rendimientos, mano de obra y daños climáticos tiene un peso directo en las cuentas. Un dato difundido por el Servicio de Investigación Económica del USDA el pasado 25 de agosto refleja esa presión: en las explotaciones de cultivos especiales, como los viñedos y los viveros de vid, la mano de obra representó alrededor del 40% de cada dólar de gasto en efectivo en 2024. La media del conjunto de las explotaciones agrarias fue del 15%.

Virginia es uno de los estados donde el impacto del clima ha obligado a tomar medidas inmediatas. La Autoridad de Control de Bebidas Alcohólicas del estado ha concedido exenciones temporales automáticas a 169 bodegas y viñedos que sufrieron fuertes pérdidas por heladas y episodios de congelación en primavera. La medida les permite comprar una proporción mayor de uva a viñedos que no poseen ni arriendan para poder mantener la producción este año. AJ Greely, presidente de la Virginia Vineyards Association, sostiene que esas exenciones aportan un alivio necesario a los elaboradores afectados por las pérdidas.

California también ha movido ficha en dos frentes distintos. Por un lado, el gobernador Gavin Newsom ha firmado en septiembre la ley AB 1991, impulsada por el Wine Institute y promovida en la Asamblea por Cecilia Aguiar-Curry, demócrata por Winters. La norma permite a bodegas con licencia y a otros productores de bebidas alcohólicas realizar investigación sensorial con reglas concretas. Entre ellas figura que los participantes tengan 21 años o más y que las catas se limiten a fines legítimos de estudio de mercado. Steve Gross, presidente y consejero delegado del Wine Institute, afirma que la ley da a los productores una herramienta práctica para conocer mejor las preferencias del consumidor y tomar decisiones con más información.

Por otro lado, una organización del sector de la uva de mesa en el Valle Central ha aportado hasta 1,7 millones de dólares para cubrir un déficit de financiación de una cuantía similar en el programa estatal contra la enfermedad de Pierce y el cicadélido de alas cristalinas. Ese dinero se destinará a actividades del Departamento de Alimentación y Agricultura de California relacionadas con la prevención y el control de ambas amenazas fitosanitarias. La entidad recuerda que la ley estatal le permite actuar para controlar, erradicar o evitar la propagación de plagas y enfermedades dañinas para la uva de mesa.

La gestión sanitaria del viñedo sigue siendo, de hecho, otra de las áreas en las que el sector está poniendo más recursos. Un trabajo de la Universidad de Utah con el equipo FRAME Networks analiza cómo viajan por el aire las esporas de enfermedades como oídio, mildiu, podredumbre negra, botritis y fomopsis. Los investigadores explican que el recorrido depende de cuatro etapas —liberación, salida del entorno inmediato de la hoja, dispersión y deposición— y de factores como la densidad del follaje, la dirección del viento, la topografía o el tamaño de la espora. El equipo calcula que la gran mayoría de las esporas liberadas desde una hoja recorren solo entre tres y cinco filas antes de depositarse, un dato útil para colocar trampas y para interpretar con más precisión de dónde procede una infección dentro de la parcela.

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