El valle de Jezreel gana un premio internacional por su resiliencia en enoturismo

El galardón premia su capacidad para sostener el turismo del vino durante la pandemia y la guerra

martes 20 de octubre de 2026

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El valle de Jezreel, en el norte de Israel, recibió el pasado 9 de octubre en Ilok (Croacia) el premio a la mejor práctica resiliente en enoturismo en la 11.ª edición de los premios Iter Vitis. El reconocimiento valora, en palabras de la organización, la capacidad de la región para mantener y desarrollar su actividad vinculada al vino durante varios años marcados por la pandemia de COVID-19 y la guerra, al tiempo que ha apoyado a negocios locales e iniciativas de la comunidad.

La entrega tuvo lugar en la mansión histórica Principovac, dentro del Festival del Vino del Danubio, con presencia de representantes de 16 países. Los premios los organiza Iter Vitis, una ruta cultural del Consejo de Europa certificada en 2009 y centrada en la promoción del patrimonio vitivinícola, el turismo sostenible y la cooperación internacional entre territorios productores.

La candidatura premiada se apoya en la iniciativa Wine Valley, conocida en español como Valle del Vino, que el valle de Jezreel puso en marcha hace seis años. El proyecto conecta a 18 bodegas repartidas por la zona y está coordinado por el departamento de turismo del Consejo Regional del valle de Jezreel junto con propietarios de bodegas locales.

Según trasladan sus impulsores, la red ha ampliado su alcance desde su creación. En ese periodo se han abierto nuevas bodegas, se han plantado miles de hectáreas de viñedo y se ha creado una escuela de enología en Séforis. A esa base productiva se ha sumado la organización de festivales y otros encuentros para unir la tradición agrícola del valle con la llegada de visitantes.

Ese trabajo explica buena parte del premio recibido ahora. Iter Vitis ha subrayado que el valle de Jezreel fue elegido por mantener activas sus propuestas de enoturismo y por reforzar la cooperación local en un periodo de dificultades. El reconocimiento no se limita a la actividad de las bodegas: también valora la forma en la que el proyecto ha buscado repartir el flujo de visitantes y generar actividad económica en otros negocios del territorio.

Una de las herramientas creadas con ese objetivo es el Jezreel Valley Taste Pass, una plataforma digital vinculada a la Ruta del Vino del valle de Jezreel. El sistema reúne en un mismo espacio bodegas, explotaciones agrícolas, restaurantes, cafeterías, lugares patrimoniales, talleres artesanales y alojamientos. A través de códigos QR y mapas interactivos, los visitantes pueden conocer la oferta de la zona y organizar recorridos, mientras que pequeños establecimientos ganan presencia junto a bodegas con mayor implantación.

Ese modelo responde a una lógica habitual en el enoturismo: el visitante no solo busca una cata o una visita a viñedos, sino una experiencia más amplia que incluya gastronomía, patrimonio, paisaje y alojamiento. En el caso del valle de Jezreel, la estrategia ha consistido en agrupar esa oferta bajo una misma red y dar visibilidad conjunta a actividades de distinta escala.

El premio tiene también una lectura institucional. El Ministerio de Turismo de Israel ha respaldado esta iniciativa y su proyección fuera del país. Michael Izhakov, director general del ministerio, afirmó que el galardón internacional reconoce “el arduo trabajo y la determinación” del sector turístico local. Añadió que, pese a las dificultades de los últimos años, la región ha seguido ampliando su oferta de enoturismo y que el ministerio apoya proyectos que refuerzan a las empresas locales y acercan a visitantes internacionales a la cultura y al patrimonio agrícola israelí.

La mención a la resiliencia ocupa el centro de esta edición para el valle de Jezreel. La organización del premio sitúa ese rasgo en la capacidad de una zona productora para mantener actividad, conservar su patrimonio y seguir generando ingresos cuando las condiciones del entorno son adversas. En este caso, la referencia incluye tanto los efectos de la pandemia, que golpearon con fuerza a los viajes y a la hostelería, como la guerra, que ha afectado a la actividad económica y a la imagen exterior del destino.

El valle de Jezreel llevaba varios años construyendo su marca en torno al vino antes de obtener este reconocimiento. La conexión entre bodegas, la apertura de nuevas instalaciones, la ampliación de superficie de viñedo y la creación de formación especializada muestran una apuesta de medio plazo. La escuela de enología en Séforis añade además un componente formativo que puede alimentar el propio sector con personal especializado.

La presencia de representantes de 16 países en Ilok sitúa el premio en un escaparate internacional para regiones vitivinícolas de Europa y del Mediterráneo. Para el valle de Jezreel, la distinción sirve para reforzar su posición dentro de las rutas del vino que combinan producción, patrimonio y oferta turística, y llega en un momento en el que muchos destinos buscan fórmulas para repartir mejor el gasto del visitante entre negocios pequeños y medianos.

Con este reconocimiento, el valle de Jezreel gana visibilidad dentro de la red de Iter Vitis, que agrupa territorios unidos por la cultura del vino. La organización entiende estas rutas como un instrumento para conservar tradiciones agrarias y, al mismo tiempo, activar economías locales ligadas a la restauración, el alojamiento, la artesanía y los servicios para visitantes. En el caso de la región israelí, el premio pone el foco en esa combinación entre actividad vitivinícola, cooperación entre actores locales y capacidad de mantener el proyecto en años de dificultades.

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