El vino sin alcohol gana terreno en Italia ante el giro hacia un consumo más moderado
El mercado avanza un 15% con más peso de los jóvenes y de la producción local
miércoles 21 de octubre de 2026
El vino sin alcohol empieza a ganar espacio en Italia al calor de un cambio más amplio en la forma de beber. Coincidiendo con Sober October, la iniciativa que propone dejar el alcohol durante un mes, el mercado italiano de productos sin alcohol y de baja graduación avanza en torno al 15%, aunque sigue siendo pequeño frente al vino tradicional. En ese movimiento pesan varios factores: una mayor atención a la salud, la pérdida de poder adquisitivo y la búsqueda de alternativas para quienes quieren mantener la parte social del consumo sin beber alcohol.
Ese giro puede tener efectos directos en el sector de las bebidas. Para las bodegas y los grandes grupos, la evolución de esta categoría influye en decisiones de inversión, en la puesta en marcha de capacidad de desalcoholización y en la manera de colocar sus marcas ante un consumidor más volcado en la moderación. En Italia ya se están moviendo compañías como Caviro y Argea.
El país ha dado además un paso industrial en los últimos meses. Tras el decreto de diciembre de 2024 que fijó el marco fiscal para la producción, han llegado los primeros vinos desalcoholizados elaborados por completo en Italia, desde la uva hasta las instalaciones de transformación. La empresa veneta Frizero fue la primera en activar el proceso de autorización y la producción. Otros operadores, entre ellos Mack & Schühle Italia y Ceviv, preparan su entrada.
Las previsiones sobre el negocio mundial del vino sin alcohol apuntan a una expansión clara, aunque no todas las mediciones usan el mismo alcance. Algunas estimaciones sitúan ese mercado en unos 2.400 millones de dólares y calculan que podría llegar a 3.300 millones en 2028, con un avance medio anual del 8%. Por su parte, el Observatorio de Unione italiana vini (UIV) calcula para el segmento de vinos sin alcohol una subida media anual del 12% en valor entre 2025 y 2030.
Según UIV, el valor total al consumo de esa categoría superará los 2.000 millones de dólares en 2030. De esa cifra, 1.100 millones corresponderían a espumosos. Estados Unidos seguirá como primer mercado, con más de 600 millones de dólares previstos para 2030 y una mejora del 17%. Detrás figuran Alemania, con 370 millones y un 9%, y Reino Unido, con 162 millones y un 5%. Italia, que partía con más discreción, rebasaría los 100 millones de dólares, un 60% más que en 2025.
Los estudios sectoriales de Censis-Enpaia y UIV-Vinitaly apuntan a que buena parte de este cambio pasa por los consumidores más jóvenes. Su relación con el vino está variando: gana terreno la idea de beber menos, pero con más calidad, y la generación Z consume menos alcohol en términos generales y da más valor a la moderación o a las alternativas sin graduación.
Martin Foradori Hofstätter, propietario de la bodega J. Hofstätter y uno de los empresarios que llevan años trabajando en este segmento, sostiene que el vino desalcoholizado no debe presentarse como un relevo del vino tradicional. A su juicio, es una alternativa con identidad propia. También cree que esa categoría puede conservar parte del atractivo cultural y social asociado al vino, siempre que no se venda como una copia.
La casa J. Hofstätter acaba de renovar uno de sus vinos sin alcohol con un cambio en la mezcla de uvas. Foradori Hofstätter explica que la elección inicial de un Riesling en pureza respondía a las cualidades de esa variedad para este tipo de elaboraciones, por su intensidad aromática, su carácter y su acidez. Tras siete años de pruebas, la bodega ha añadido una pequeña proporción de otra variedad aromática para dar más expresión al conjunto.
El empresario compara la situación del vino sin alcohol con la que vivió la cerveza sin alcohol hace décadas. En su opinión, la cerveza ha tenido más de treinta años de ventaja en desarrollo comercial y aceptación por parte del público. Además, recuerda que la cerveza ha sido históricamente una bebida popular y se ha adaptado con más rapidez a los cambios en el consumo, mientras que el vino sigue muy ligado a la tradición, la cultura y ciertos rituales, lo que hace más lenta la entrada de novedades.
Por eso, Foradori Hofstätter cree que lo que falta no es tanto producto como tiempo. Su previsión es que, a medida que aumente la familiaridad del consumidor con esta oferta, será más habitual encontrar vinos sin alcohol de calidad en cartas de restaurantes y en wine bars. Para productores, distribuidores y hostelería, esa posibilidad obliga ya a medir si conviene ampliar gama, reservar espacio en lineal y acelerar acuerdos técnicos para elaborar o comercializar esta categoría.