China compra menos vino importado a precios cada vez más altos

El precio medio de entrada aumenta un 22% pese a la caída general del mercado

viernes 4 de septiembre de 2026

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China importó vino por un valor aproximado de 1.400 millones de dólares en 2025, un 11% menos que un año antes, pero el precio medio de entrada subió hasta unos 6,86 dólares por litro, un 22% más, de acuerdo con los datos manejados por el USDA Foreign Agricultural Service. La combinación de menos volumen y más valor apunta a un mercado que compra menos, pero paga más por parte de lo que entra del exterior.

Esa pauta encaja con un giro hacia referencias de mayor precio y con una reducción del número de operadores en la cadena. Entre enero y mayo de 2026, el vino espumoso, identificado con el código arancelario HS 220410, avanzó un 15,3% interanual y fue una de las pocas categorías con una evolución al alza dentro de un mercado más débil en términos generales. Fuentes del sector prevén, además, que hasta 2027 el mayor margen de avance se concentre en los espumosos y en los vinos con poco o ningún alcohol, mientras que los vinos tranquilos importados tienen un panorama más complicado.

El mercado chino del vino se ha estabilizado en niveles de consumo más bajos. El consumo de los hogares ha servido de apoyo en los últimos años, pero su volumen no basta para compensar la contracción de la demanda empresarial e institucional. A eso se suman unas ventas con menos impulso y unos inventarios altos, dos factores que han llevado a muchos distribuidores a comprar con más cautela y a reducir existencias. Como consecuencia, los importadores también han recortado sus pedidos.

Dentro de ese ajuste, los blancos ligeros y los espumosos son el punto más dinámico. El USDA recoge que una parte del cambio puede explicarse por el paso de ocasiones formales, como los banquetes, a reuniones sociales más informales, donde este tipo de vinos encaja mejor. También pesa el mayor interés de consumidores jóvenes y de consumidoras por bebidas más ligeras y asociadas a momentos de consumo festivos y cotidianos.

El cambio no afecta solo a la demanda. En los años anteriores había en China muchas pequeñas empresas independientes que importaban vino. En los últimos ejercicios, grandes minoristas y distribuidores han asumido la importación de forma directa, sin recurrir a parte de esos intermediarios. El resultado es un mercado con menos actores que antes y con más espacio para marcas grandes, productos de más calidad y canales de venta variados, mientras las firmas pequeñas pierden margen.

Las fuentes sectoriales con las que trabaja el USDA sostienen que las marcas importadas no premium seguirán bajo presión y tendrán que adaptarse mejor a los gustos locales o medirse con marcas chinas. En ese escenario, el origen pierde peso como argumento de venta frente a la adecuación del producto a los hábitos de consumo diarios y a las preferencias del comprador.

Para el sector de bebidas, este movimiento tiene una lectura clara. Un mercado con importaciones a la baja, pero con precios medios más altos, puede empujar a bodegas, distribuidores e importadores a revisar surtido, posicionamiento y márgenes. También sugiere que parte del valor futuro puede concentrarse en menos referencias, en segmentos de precio más altos y en categorías ligadas al consumo informal, como los espumosos o los productos con menor graduación.

En el caso de Estados Unidos, las bodegas están orientando su oferta a varias de esas tendencias. El USDA señala que la claridad de sus etiquetas, más fáciles de entender para el consumidor, les da una ventaja comercial en comercio electrónico y en lineales de tienda, donde muchas decisiones de compra se toman con rapidez. Sus estrategias de venta se centran en torno a los 300 RMB, unos 45 dólares, con la idea de captar momentos de consumo como la copa de media tarde.

La innovación también forma parte de esa apuesta. En la feria de alimentación y bebidas de Chengdu, bodegas estadounidenses han presentado nuevas referencias con menos calorías y 9% de alcohol, con el objetivo de medir la respuesta del mercado a alternativas ligadas a la salud. A la vez, el mayor interés por métodos de producción vinculados a valores del consumidor está dando más espacio a vinos sostenibles, ecológicos o naturales en grandes cadenas de supermercados y clubes de compra, sobre todo en ciudades con mayor renta disponible.

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