El viaje que empieza cuando llenamos la copa

Coaching a través del vino: una forma diferente de mirar hacia dentro, saborear lo aprendido y descubrir todo lo que todavía podemos transformar.

miércoles 19 de agosto de 2026

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Hay viajes que hacemos con una maleta y otros que hacemos sin movernos del sitio. Algunos nos llevan a conocer lugares nuevos, personas diferentes, paisajes que no habíamos imaginado. Y luego están esos viajes que empiezan cuando decidimos mirar hacia dentro y preguntarnos dónde estamos, qué queremos y hacia dónde queremos caminar.

Quizá por eso me gusta tanto utilizar el vino como metáfora del crecimiento personal. Porque una botella también habla de tiempo, de proceso, de paciencia, de transformación y de aquello que sucede cuando dejamos que las cosas maduren a su ritmo.

Cuando comenzamos una cata, tenemos una copa vacía. Y, curiosamente, ese vaso vacío no significa que nos falte algo. Significa que tenemos espacio para descubrir. A partir de ahí empieza el recorrido: observar, oler, saborear, reconocer matices y prestar atención a aquello que muchas veces pasa desapercibido cuando vivimos demasiado deprisa.

Con nosotros ocurre algo parecido.

A lo largo de la vida vamos acumulando experiencias, aprendizajes, relaciones, pérdidas, decisiones, éxitos y también errores. Algunas experiencias nos llenan y otras nos dejan un sabor que no sabemos muy bien cómo colocar. Pero todas forman parte de nuestro recorrido. La cuestión no es solamente cuánto hemos vivido, sino qué hacemos con todo aquello que hemos ido incorporando a nuestra copa.

Ahí es donde nace Coaching a través del vino.

No se trata simplemente de hablar de vino mientras hablamos de crecimiento personal. Se trata de utilizar el vino como una herramienta para observarnos de otra manera. Porque cuando cambiamos el contexto, cuando salimos de la conversación habitual y nos permitimos experimentar, aparecen preguntas diferentes y, muchas veces, respuestas que estaban ahí pero que no habíamos escuchado.

La copa medio llena o medio vacía es una metáfora que conocemos todos. Pero quizá podemos darle una vuelta. ¿Qué pasaría si dejáramos de preocuparnos tanto por cuánto queda dentro y empezáramos a observar qué hemos ido poniendo en ella?

Porque también tenemos la tendencia a mirar lo que falta. El objetivo que todavía no hemos conseguido, el proyecto que aún no ha salido, la relación que no funcionó, aquello que deberíamos haber hecho de otra manera. Y mientras miramos constantemente hacia lo que falta, podemos olvidarnos de todo lo que ya hemos construido.

Por eso, en este viaje, empezamos con el vaso vacío y vamos llenándolo poco a poco. Con nuestros recursos, nuestros aprendizajes, nuestros logros, nuestras capacidades y también con aquello que vamos descubriendo sobre nosotros mismos.

Y llega un momento especialmente bonito: saborear.

Saborear significa detenernos. Reconocer. Disfrutar. Dar valor al camino recorrido. Porque no todo en la vida tiene que estar orientado al siguiente objetivo. También necesitamos aprender a sentarnos y decir: esto también lo he conseguido yo.

Pero después hay que vaciar la copa.

Y esta parte me parece fundamental. Porque crecer también significa hacer espacio. Soltar ideas que ya no nos sirven, creencias que hemos heredado, expectativas que no son nuestras o formas de vivir que un día tuvieron sentido y hoy ya no lo tienen. Vaciar no significa perder. Significa prepararnos para decidir qué queremos volver a poner dentro.

Y aquí aparece otra imagen que me acompaña mucho cuando pienso en los procesos de transformación: la mariposa.

Antes de verla volar existe un proceso que desde fuera no vemos. Hay un tiempo de transformación, de recogimiento y de cambio. Nosotros también atravesamos momentos así. Momentos en los que necesitamos parar, mirar hacia dentro, entender qué nos pasa y descubrir qué queremos transformar.

No siempre estamos parados porque no avancemos. A veces estamos cambiando por dentro.

Y quizá el crecimiento personal tenga mucho que ver con eso: no con convertirnos en alguien diferente, sino con permitirnos descubrir todo aquello que ya estaba dentro de nosotros y que todavía no habíamos sabido reconocer.

El vino también necesita su tiempo. Necesita cuidado, paciencia y un proceso que no podemos acelerar simplemente porque tengamos prisa por llegar al resultado. Nosotros tampoco.

A veces queremos respuestas inmediatas, cambios rápidos y soluciones para todo. Pero hay procesos que necesitan reposar. Como el vino. Como nosotros.

Por eso me gusta pensar que Coaching a través del vino es una experiencia para parar, mirar, descubrir y saborear. Para hacer un pequeño viaje hacia dentro utilizando algo tan cotidiano y tan lleno de significado como una copa de vino.

Y este mes de agosto he querido acompañar esta experiencia con un pequeño regalo. Si realizas el taller de Coaching a través del vino durante este mes, te llevarás gratuitamente mi libro Crecimiento personal a través de la cultura del vino: Cata como un adulto, reflexiona como un sabio y juega como un niño. Una manera de que el viaje no termine cuando acaba el taller, sino que puedas continuar explorando, reflexionando y descubriendo a través de sus páginas.

Porque quizá la próxima vez que tengas una copa delante puedas hacerte una pregunta diferente.

No solamente qué sabor tiene.

Sino qué quieres saborear tú de la vida que estás construyendo.

Y después, quizá, puedas preguntarte qué necesitas dejar reposar, qué quieres seguir cultivando y qué ha llegado el momento de soltar para hacer espacio a lo que está por venir.

Al final, todos tenemos una copa. La diferencia está en lo que decidimos poner dentro.

Y también en si nos permitimos disfrutarla.

Un abrazo, Elena

www.elenanaranjo.net

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