Martes 01 de Septiembre de 2026
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La ilustradora y profesora de yoga debuta en el mundo editorial con Mi libro de yoga, un relato entre novela gráfica, diario y guía ilustrada que convierte una experiencia de ansiedad en una historia de transformación.
Hay momentos en los que el cuerpo obliga a parar. Para Belén Segarra, ese momento llegó en forma de un ataque de pánico. Cansada de sentirse al borde del precipicio, de convivir con una tristeza difícil de nombrar y con una presión constante en el pecho, terminó llegando casi por accidente a una clase de yoga. Lo que empezó como una búsqueda para sentirse mejor acabaría convirtiéndose en una nueva manera de entender el cuerpo, la mente y la propia vida.
Ese recorrido es el punto de partida de Mi libro de yoga, que Lumen publica el 10 de septiembre y con el que Segarra, ilustradora, artista plástica, directora de arte y profesora de yoga, debuta en el mundo editorial. El resultado está a medio camino entre la novela gráfica, el diario íntimo y la guía ilustrada, y utiliza el humor y una mirada profundamente personal para hablar de ansiedad, cuerpo, respiración y transformación.
En sus páginas, la autora se convierte también en personaje y cuenta su llegada a una clase en la que nada parece salir demasiado bien: respiraciones torpes, posturas imposibles y una comunidad de alumnos tan peculiar como entrañable. Entre ellos están Sergio, su inseparable amigo; Rosario, una alumna octogenaria capaz de ejecutar las asanas con una sorprendente elegancia, y Carlota, una mística de intensidad casi hipnótica.
Pero el libro no pretende presentar el yoga como una solución mágica. Su interés está precisamente en mostrar el proceso, las contradicciones y la dificultad de aprender a escuchar un cuerpo que durante mucho tiempo había sido entendido casi como un enemigo.

La esterilla acaba convirtiéndose así en un espacio de aprendizaje mucho más amplio que el puramente físico. Segarra descubre que respirar, detenerse y prestar atención también puede ser una forma de relacionarse con el miedo, el malestar y las propias limitaciones. El yoga aparece como una práctica cotidiana, pero también como una herramienta para recuperar cierta sensación de control cuando todo alrededor parece tambalearse.
"La práctica del yoga trabaja directamente sobre el cerebro, mejorando su plasticidad y regulando las áreas más involucradas en la salud física y mental. Este libro ameno, amable y riguroso nos acompaña a practicarlo", apunta la neurocientífica Nazareth Castellanos, que respalda la propuesta.
Cuando el cuerpo se convierte en protagonistaHay algo especialmente coherente en que sea una ilustradora quien cuente esta historia. El universo visual de Segarra, construido durante años a través del dibujo, la pintura y la dirección de arte, se caracteriza por personajes aparentemente delicados que esconden mundos mucho más complejos. Animales fantásticos, mujeres, elementos naturales, referencias místicas y escenas surrealistas forman parte de un imaginario que ha llevado a campañas, murales y proyectos para marcas y publicaciones como Vogue, Swatch o Mad Cool Festival.
En Mi libro de yoga, ese lenguaje visual se pone al servicio de una historia mucho más personal. El cuerpo deja de ser simplemente aquello que se representa para convertirse en aquello que se aprende a escuchar.
El resultado es un libro luminoso, pero no ingenuo. Hay humor y situaciones reconocibles, pero también ansiedad, vulnerabilidad y una pregunta que atraviesa todo el relato: qué ocurre cuando dejamos de intentar controlar lo que sentimos y empezamos a prestar atención a lo que nuestro cuerpo lleva tiempo diciéndonos.
La propia estructura del libro refleja ese cambio. No se trata únicamente de contar una experiencia personal ni de ofrecer instrucciones para practicar yoga. Segarra mezcla relato, ilustración y reflexión para construir una experiencia que pretende resultar cercana incluso para quienes nunca han pisado una esterilla.
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