Lunes 01 de Junio de 2026
Leído › 359 veces

En el extremo más oriental de la Ribera del Duero, donde la altitud supera los 950 metros y el clima obliga a la vid a luchar por cada racimo, emerge una de las bodegas más singulares de la provincia de Soria, bodega Rudeles.
Su filosofía gira alrededor de pequeñas parcelas históricas, muchas de ellas centenarias, heredadas generación tras generación en Peñalba de San Esteban. La bodega trabaja un mosaico de viñedos viejos de tempranillo, garnacha y albillo mayor que buscan expresar más el paisaje que la potencia.
El resultado es una colección de vinos que reivindican una Ribera del Duero menos exuberante y más atlántica en espíritu: marcada por la altitud, la tensión mineral y una frescura poco habitual en la denominación.

Rudeles Los Arenales representa probablemente la expresión más directa y accesible de la casa. Elaborado con tempranillo procedente de suelos arenosos y calcáreos, ofrece una lectura franca del territorio, además de desprender un olor maduro y agradable, con presencia de fruta y un roble bien integrado.
A la hora de catarlo, me he imaginado que esta cosecha 2024 e desprende en nariz una línea especialmente jugosa: cerezas negras, ciruela fresca, un fondo terroso y una textura amable que invita a la segunda copa. No busca impresionar por concentración, sino por equilibrio. Es el vino ideal para comprender el estilo Rudeles antes de adentrarse en referencias más complejas.

Rudeles Cerro El Cuberillo es la etiqueta más ambiciosa de la bodega. Procede de cepas que superan ampliamente el siglo de edad y resume la obsesión de la familia por las parcelas históricas, en nariz enseguida he notado los aromas de fruta negra madura, especias, cacao fino y un perfil potente pero elegante.
La añada 2020 muestra una profundidad extraordinaria. En copa despliega mora silvestre, grafito, regaliz negro, cacao amargo y notas balsámicas. La crianza aparece como un elemento de acompañamiento, nunca de dominio. En boca impresiona la densidad, pero sobre todo la longitud. Es un vino para decantar, para conversar y para guardar. Su verdadera dimensión probablemente aparecerá dentro de cinco o diez años.

Rudeles Finca La Nación nace de una parcela histórica situada en una de las zonas más privilegiadas del patrimonio vitícola de la familia. Combina mayoritariamente tempranillo con una pequeña proporción de garnacha centenaria, algo poco habitual en la Ribera del Duero.
Me resulta un vino muy equilibrado entre fruta madura, mineralidad y capacidad de guarda. En la que me sobresale sus notas de hierbas de monte, tiza y buena acidez, con notas profundas y refinadas.
Desde mi punto de vista , es posiblemente el vino más completo de la colección. Tiene músculo, pero también precisión. Aparecen frutos negros, monte bajo castellano, especias dulces y una sensación calcárea que recuerda constantemente el origen. Es un vino que habla de viñedo más que de elaboración.

Rudeles 23 toma su nombre de las veintitrés parcelas que participan en el ensamblaje. Es quizá la etiqueta que mejor explica la filosofía de la casa: pequeñas viñas de altura trabajadas de forma individual antes de construir el conjunto.
El vino combina juventud y complejidad. La fruta roja madura domina el primer plano, acompañada de hierbas aromáticas, notas minerales y una crianza discreta. Tiene estructura suficiente para acompañar carnes asadas, pero conserva una frescura que evita cualquier sensación de pesadez.
Es probablemente el tinto con mejor relación entre personalidad y versatilidad gastronómica dentro del catálogo de Rudeles.

Rudeles Aire demuestra que la Ribera del Duero también puede producir grandes blancos. Elaborado con albillo mayor procedente de viñas centenarias y con crianza en barrica, representa una corriente cada vez más relevante dentro de la denominación.
La añada 2025 promete un perfil especialmente expresivo: fruta blanca madura, flores secas, hinojo, almendra fresca y una marcada sensación salina. Lo más interesante es cómo combina amplitud y tensión. No es un blanco explosivo; es un vino de matices, pensado para crecer en copa y acompañar gastronomía seria, desde pescados grasos hasta aves de corral.

Rudeles 23 Albillo nace también de albillo mayor, pero desde una interpretación más fresca y directa. Procede de distintas parcelas de altura y busca reflejar la identidad varietal sin el protagonismo de la madera.
En nariz destacan pera, manzana amarilla, flores blancas y un delicado recuerdo anisado. En boca resulta vibrante, con una acidez sorprendente para la variedad y un final limpio que invita a seguir bebiendo. Es el blanco más inmediato de la gama, aunque conserva la personalidad austera y mineral que caracteriza a Rudeles.
Lo más interesante de esta bodega, según mi modesta opinión, es que ha sabido construir una identidad propia dentro de una denominación donde muchas veces predominan la concentración y la potencia. Sus vinos hablan de altura, de viñedo viejo y de una Soria todavía poco conocida para muchos aficionados.

Si hubiera que resumir la colección en tres palabras serían: frescura, mineralidad y autenticidad. Desde la accesibilidad de Los Arenales hasta la profundidad de Cerro El Cuberillo, pasando por la elegancia territorial de Finca La Nación y la recuperación del Albillo Mayor en Aire y Rudeles 23 Albillo, la bodega demuestra que la Ribera soriana posee una voz singular y cada vez más relevante en el panorama español.

Leído › 359 veces