Nuevas formas de beber y horarios diurnos redefinen la socialización de los jóvenes

El ocio joven se mueve hacia nuevos tipos de bebidas, horarios tempranos y baja graduación

Miércoles 27 de Mayo de 2026

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La forma de beber entre los jóvenes está cambiando en varios mercados y el movimiento afecta tanto a lo que se consume como al momento del día en que se sale. Entre la generación Z y los millennials más jóvenes gana terreno una idea simple: beber menos alcohol, elegir opciones con menor graduación y reservar las salidas para franjas más tempranas. El cambio se nota en bares, restaurantes y marcas que han adaptado su oferta a esa demanda.

Las razones son varias. Las encuestas citadas por distintas consultoras y asociaciones del sector apuntan a una mayor preocupación por la salud, el sueño y el rendimiento al día siguiente. También pesa el dinero. En Reino Unido, un 65% de los compradores de alcohol dice haber recortado su consumo por la subida del coste de vida. En Estados Unidos y Europa, muchos consumidores jóvenes buscan bebidas que les permitan participar en la vida social sin asumir una noche larga ni una resaca intensa.

Ese giro ha impulsado el llamado sober curious, una corriente que no implica dejar de beber de forma total, sino revisar la relación con el alcohol y moderar su uso. En ese grupo entran quienes alternan bebidas con alcohol y sin alcohol en una misma salida, una práctica conocida como zebra striping. Según estudios recientes sobre adultos jóvenes en Estados Unidos, parte de quienes llegan a un evento con intención de beber poco termina consumiendo más de lo previsto por presión social o por inercia del grupo.

La presión del entorno sigue siendo un factor importante. Entre los jóvenes encuestados en varios mercados, una parte relevante dice sentir presión para beber en reuniones sociales. También aparecen dudas sobre cómo son percibidos cuando rechazan una copa. Esa tensión es mayor entre los hombres jóvenes, que en algunos casos ocultan su bebida sin alcohol para evitar comentarios del grupo.

El cambio no solo afecta al tipo de bebida, sino al horario. En Reino Unido y Estados Unidos crece el interés por salir antes y cerrar la noche pronto. Reservas para cenar a primera hora, planes de tarde y encuentros al aire libre ganan espacio frente a las salidas largas de madrugada. En ese escenario aparece el daycap, una salida corta al final de la jornada laboral o durante la tarde, pensada para tomar algo sin alargar demasiado la noche.

En España esa tendencia encaja con el tardeo, una fórmula ya asentada en muchas ciudades. Salir por la tarde para tomar vermut, cerveza ligera o cócteles suaves se ha convertido en una opción habitual entre jóvenes y adultos. La pandemia aceleró ese cambio al alterar los horarios de ocio nocturno y reforzar hábitos más tempranos. El resultado es un consumo más repartido durante el día y menos centrado en la madrugada.

Dentro de esa evolución, el vermut ha recuperado espacio como bebida de aperitivo. Su graduación suele moverse entre el 13% y el 19%, bastante por debajo de la de destilados como la ginebra. Eso permite mantener el ritual social del cóctel o del aperitivo con menos alcohol en cada servicio. Bares y marcas han aprovechado esa posición para ofrecer vermuts blancos, rojos o rosados con perfiles botánicos distintos y maridajes sencillos con gildas, aceitunas o boquerones.

La recuperación del aperitivo también responde a un cambio en la forma de socializar. Muchos consumidores jóvenes prefieren planes ligados a la comida, a actividades al aire libre o a encuentros cortos antes que a largas sesiones en locales cerrados. En ese marco encajan bebidas que acompañan sin monopolizar la experiencia. El alcohol deja de ser el centro del plan y pasa a ser un elemento más.

En América Latina también se observa interés por bebidas fermentadas tradicionales como tepache, pulque o chicha. Son productos con baja graduación o con procesos de fermentación suaves que algunas marcas han llevado al formato en lata o a barras especializadas. Su atractivo combina herencia cultural, sabor ácido o afrutado y una imagen ligada a ingredientes menos procesados.

El auge de kombuchas con alcohol y hard teas sigue esa misma línea. Son bebidas listas para tomar que mezclan té, fermentación ligera y graduaciones moderadas. Las consultoras del sector prevén crecimientos fuertes para estas categorías hasta 2030 y 2033, impulsadas por consumidores que buscan opciones más ligeras, menos dulces o con ingredientes funcionales. Algunas marcas añaden plantas adaptógenas, fibras o extractos vegetales para reforzar esa propuesta.

En Asia oriental el cambio tiene además un componente laboral y generacional. En China, parte de los jóvenes rechaza las comidas formales con grandes cantidades de baijiu asociadas durante años a las relaciones profesionales. Prefieren bebidas con menos alcohol, vinos frutales o mezclas con té. En Corea del Sur ocurre algo parecido: caen las ventas de licor tradicional mientras suben las opciones sin alcohol o con poca graduación, junto con formatos más pequeños pensados para picnics o encuentros breves.

Japón lleva más tiempo trabajando ese modelo con el chuhai, una mezcla lista para beber basada en shochu y soda o zumo. Su éxito se explica por el precio bajo, la facilidad de consumo y una graduación contenida, normalmente entre el 3% y el 7%. La categoría sigue fuerte en tiendas de conveniencia y máquinas expendedoras, aunque también allí aparecen versiones con menos azúcar y sabores más suaves.

Junto a las bebidas con algo de alcohol crece otro segmento: los productos sin alcohol diseñados para imitar parte del ritual social del cóctel. Marcas como Kin Euphorics o De Soi venden aperitivos botánicos sin etanol que prometen relajación o claridad mental mediante ingredientes como ashwagandha, L-teanina o manzanilla. Su precio suele ser alto y su valor comercial está tanto en la fórmula como en la imagen.

La industria ha entendido que ya no vende solo líquido en un vaso. Vende formato, horario, estética y una forma concreta de estar en sociedad. Por eso proliferan latas pequeñas, etiquetas cuidadas y recetas pensadas para beber despacio. También por eso bares y restaurantes ajustan cartas para incluir opciones bajas en alcohol junto a vermuts, spritz suaves, kombuchas fermentadas o cócteles cortos servidos antes del anochecer.

Los datos apuntan a que este cambio no es pasajero ni limitado a un país concreto. Responde a factores sanitarios, económicos y culturales que afectan a varios mercados al mismo tiempo. Y obliga al sector hostelero a adaptar horarios, cartas y formatos mientras una parte importante del público joven sigue buscando salir, conversar y beber menos sin renunciar al gesto social que acompaña a cada copa.

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