Miércoles 06 de Mayo de 2026
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La propuesta de crear el llamado impuesto del pecado, previsto en la reforma tributaria de Brasil como Impuesto Selectivo, ha encendido las alarmas en el sector del vino. La medida, que gravaría bebidas alcohólicas, puede encarecer el producto final para el consumidor y frenar el ritmo de expansión que el mercado brasileño venía registrando en los últimos años.
En la práctica, el vino ya soporta una carga tributaria cercana al 50% del precio final. Con el nuevo modelo, el impuesto se aplicaría de forma monofásica, sin compensación a lo largo de la cadena productiva. Ese diseño aumenta la presión sobre los precios y reduce el margen de maniobra de productores, importadores y distribuidores.
El efecto no se limitaría al consumidor. El sector advierte de que una subida fiscal puede desincentivar inversiones y restar atractivo a una actividad que mueve negocios también en gastronomía, hostelería y enoturismo. La cadena del vino en Brasil incluye a bodegas, importadores, mayoristas, bares, restaurantes y operadores turísticos, por lo que cualquier cambio tributario tiene impacto en varios eslabones.
La discusión gana peso en vísperas de Wine South America, una de las principales ferias profesionales del sector en América Latina. El encuentro se celebrará entre el 12 y el 14 de mayo en Bento Gonçalves, en el estado de Rio Grande do Sul, con más de 400 marcas nacionales e internacionales y representantes de unos 20 países. La organización calcula que el evento moverá alrededor de R$100 millones en negocios.
Marcos Milaneze, director de Wine South America, ha señalado que la discusión sobre la tributación es válida, pero debe tener en cuenta las particularidades del vino. Según explicó, se trata de un producto con un perfil de consumo distinto, ligado a la moderación y a la experiencia gastronómica, además de su papel en actividades vinculadas al turismo y a la economía creativa.
Los datos del mercado muestran que el sector mantiene recorrido. En 2025, el mercado brasileño de vinos y espumantes movió cerca de R$21,1 mil millones, con un avance próximo al 10% frente al año anterior, según un estudio de Ideal.BI. Ese aumento estuvo impulsado sobre todo por un ticket medio más alto y por la venta de productos de mayor calidad.
Los espumantes ya superan los 40 millones de litros vendidos al año en Brasil, una cifra que refleja cambios en los hábitos de consumo. Para los agentes del sector, ese movimiento puede verse afectado si la nueva carga fiscal eleva demasiado los precios y reduce el acceso del público a estas bebidas.
La definición final de las reglas y las alícuotas será determinante para la cadena vitivinícola en el país. Mientras tanto, productores, importadores y empresas vinculadas al canal horeca siguen las negociaciones con atención ante un cambio tributario que puede alterar sus planes comerciales y sus inversiones.
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