Viernes 28 de Noviembre de 2025
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La loi Évin, adoptée en 1991, encadre strictement la publicité sur l’alcool en France, y compris le vin. Depuis plusieurs années, une partie du secteur viticole demande un assouplissement de cette législation. Sin embargo, esta petición no figura entre las prioridades nacionales de la filière del vino. La cuestión se ha planteado de nuevo este martes, 25 de noviembre, durante el "Grand Direct" de la Confederación Nacional de Productores de Vinos AOC (CNAOC), donde productores y representantes del sector han expresado sus dudas y frustraciones sobre el impacto de la ley en el consumo y la imagen del vino.
Raphaël Fattier, director de la CNAOC, ha recogido preguntas frecuentes entre los asistentes: por qué no se elimina la ley Évin para mejorar el futuro del sector, si realmente ha destruido la imagen del vino o si ha empujado a los consumidores hacia otras sustancias como el cannabis o bebidas alcohólicas más fuertes. También se ha preguntado por qué flexibilizar esta ley no es una prioridad nacional para el sector.
Krystel Lepresle, delegada general de Vin & Société, reconoce que la ley Évin es compleja y difícil de aplicar. Sin embargo, pide a los miembros del sector que analicen los datos históricos antes de atribuir todos los problemas a esta normativa. Según Lepresle, entre 1960 y 1990, antes de la entrada en vigor de la ley Évin, el consumo de vino en Francia cayó dos veces más rápido que después de su adopción. Por tanto, considera que no se puede responsabilizar únicamente a la ley Évin del descenso en el consumo.
Otro argumento que se ha puesto sobre la mesa es la pérdida de cuota de mercado frente a la cerveza en los últimos diez años. Lepresle señala que la ley Évin se aplica tanto al vino como a la cerveza y que esta última ha conseguido aumentar su presencia en el mercado francés. Según ella, esto se debe más a la facilidad de acceso y consumo de la cerveza que a las restricciones legales. El vino sigue siendo percibido como un producto complejo que requiere conocimientos previos para ser apreciado.
Además, Lepresle advierte sobre las consecuencias económicas si se eliminara la ley Évin. Considera poco probable que los pequeños y medianos productores puedan competir con los grandes grupos cerveceros y de bebidas espirituosas en campañas publicitarias masivas. Estos grandes grupos disponen de recursos mucho mayores para invertir en comunicación.
Por último, Lepresle subraya que mantener el equilibrio actual ya exige mucho esfuerzo por parte del sector. Explica que existen numerosas propuestas parlamentarias para endurecer aún más las restricciones sobre la comunicación en redes sociales y otros medios. Según ella, reabrir el debate sobre la ley Évin podría llevar a una situación menos favorable para el sector vitivinícola si se introducen nuevas limitaciones.
En resumen, aunque parte del sector pide cambios en la ley Évin, muchos representantes consideran que su modificación no es prioritaria ni necesariamente beneficiosa para el conjunto del sector. Prefieren centrarse en otros problemas internos y mantener una posición prudente ante posibles reformas legislativas.
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