Martes 29 de Julio de 2025
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El cambio climático está modificando de forma clara los ecosistemas de los viñedos en todo el mundo. Las temperaturas más altas están alterando el ciclo de la vid, desde la brotación hasta la maduración de la uva, y afectan a la composición química de las uvas. Además, los cambios en los patrones meteorológicos influyen en la disponibilidad de agua y aumentan la frecuencia de tormentas de granizo. Estos factores también están provocando movimientos inesperados de especies animales, como aves, insectos y mamíferos, que ahora aparecen en los viñedos en momentos o cantidades poco habituales.
Los viticultores observan que animales que antes se mantenían alejados o seguían rutas migratorias previsibles ahora llegan en épocas distintas o en mayor número. Esto puede suponer pérdidas económicas importantes. Los insectos perjudiciales para la vid son un ejemplo claro: sus poblaciones aumentan y se extienden a nuevas zonas, lo que incrementa la presión de enfermedades sobre las plantas. Este fenómeno no solo afecta al trabajo en el campo, sino que también repercute en la bodega, ya que obliga a modificar el momento y la calidad de la vendimia, lo que puede cambiar el perfil final del vino.
En regiones como Margaret River, en Australia Occidental, se han instalado redes para proteger las vides de las aves. El aumento de las temperaturas favorece a los insectos, ya que inviernos menos fríos permiten su supervivencia y reproducción. Un caso concreto es el de la drosófila de alas manchadas, una mosca que daña las uvas antes y durante la cosecha. Esta especie, originaria de Japón, se ha extendido por todos los continentes salvo la Antártida y desde 2012 está presente en Reino Unido. Según una encuesta realizada por WineGB durante la vendimia de 2023, la mitad de los viñedos británicos consultados sufrieron daños por esta plaga.
En Estados Unidos preocupa especialmente el aumento del cicadélido conocido como glassy-winged sharpshooter. Este insecto transmite la enfermedad de Pierce, una bacteria que bloquea el transporte de agua en la vid. En California, inviernos más suaves han permitido que tanto el insecto como la bacteria sobrevivan hasta primavera, convirtiendo un problema ocasional en uno persistente. Las consecuencias pueden ser graves: muchas veces es necesario arrancar y reemplazar las vides infectadas.
Otra especie problemática es el chinche apestoso marrón marmolado, originario del este asiático y ya presente en muchas zonas vitícolas de Estados Unidos y Europa. Investigaciones publicadas en revistas británicas indican que el calentamiento global podría favorecer su asentamiento en el sureste y este de Inglaterra. Este insecto no daña directamente las vides pero sí puede afectar al vino: si se esconde entre los racimos y es triturado durante la vinificación, libera compuestos con mal olor capaces de arruinar el aroma y sabor del vino incluso en cantidades mínimas.
Los mamíferos también están modificando sus hábitos debido al clima. En Chianti Classico (Toscana), jabalíes y ciervos entran cada vez más en los viñedos buscando alimento durante años secos. Según datos del consorcio regional, algunos productores han perdido hasta un 30% de su cosecha por estos animales durante años especialmente secos como 2017 y 2021. Para reducir daños, algunos bodegueros han instalado vallas protectoras tanto en Prosecco como en Chianti y Montalcino.
Las aves siguen siendo un problema importante para muchos viñedos del mundo. Un estudio realizado en Orange (Nueva Gales del Sur, Australia) mostró que las aves pueden llegar a consumir hasta el 83% de una cosecha. En Estados Unidos, ya en 2012 se estimaba que los daños causados por aves suponían unos 70 millones de dólares anuales solo en cinco estados productores. El aumento generalizado de temperaturas está alterando las migraciones: inviernos más suaves hacen que especies como los estorninos retrasen sus viajes o recorran distancias más cortas, permaneciendo más tiempo cerca de los viñedos justo cuando las uvas maduran.
Este fenómeno obliga a los productores a buscar soluciones nuevas. En Paso Robles (California), Stephy Terrizzi ha optado por contratar cetreros para ahuyentar aves con halcones en lugar de usar redes plásticas, cuyo uso resulta caro y genera residuos difíciles de reciclar. Un estudio realizado en Nueva Zelanda demostró que introducir halcones puede reducir hasta un 95% las pérdidas por aves respecto a viñedos sin estos depredadores.
No todas las consecuencias son negativas. El aumento de temperaturas ha permitido que algunas especies de murciélagos amplíen su área geográfica. Un estudio publicado en 2016 atribuye al calentamiento un crecimiento del 394% del área ocupada por el murciélago pipistrelle entre 1980 y 2013. En regiones como Alentejo (Portugal), bodegas como Esporão han observado un aumento claro de murciélagos insectívoros durante la última década. Estos animales pueden comer hasta dos tercios de su peso cada noche —alrededor de mil insectos por hora— lo que ayuda a controlar plagas sin recurrir a productos químicos.
Esporão fomenta su presencia instalando refugios específicos para murciélagos y conservando hábitats naturales cercanos al viñedo. Según Rui Falcão, responsable de comunicación del grupo portugués, esta estrategia ha reducido notablemente la presencia de plagas donde hay más murciélagos activos.
La adaptación a estos cambios requiere combinar medidas tradicionales con soluciones basadas en procesos naturales para mantener el equilibrio ecológico del viñedo y asegurar tanto la calidad como la cantidad del vino producido cada año.
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