«Los placeres del vino», un viaje desde la raíz hasta el paladar

Jueves 04 de Agosto de 2022

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Una visión del mundo del vino a través de 7 icónicas imágenes

Los vinos de Carmelo Rodero son un referente nacional e internacional. Las riendas de este proyecto familiar, que comenzó su andadura con el hombre que da nombre a la marca, las llevan en la actualidad Beatriz y María Rodero, directora técnica y directora comercial de la bodega.

Detrás de la calidad de la materia prima con la que producen sus elaboraciones, se esconde un mundo de sensaciones que han querido transmitir a través de «Los placeres del vino». Esta campaña se compone de siete escenas que evocan la huella que deja un vino en la memoria.

Como indican Beatriz y María Rodero, es innegable afirmar que esta bebida es placentera y se consume cada vez de forma más cotidiana, no obstante, «el vino no es solo el interior de la copa, es el antes y el después, es la botella y el corcho, la cápsula y la etiqueta, es la uva, es la tierra y son las manos de quienes lo elaboran».

A partir de estas imágenes, dan vida, voz y color a los sentidos. «Cada vino cuenta una historia que es capaz de emocionarnos».

El placer se despedaza

El vino tiene memoria. Su olor, su sabor, su color, son parte de sus recuerdos, de la tierra en la que nació. Por ello, este placer puede acariciarse, sostenerse, despedazarse, solo así se queda impregnado en nuestras manos.

El placer se estruja

Sujetar una uva entre los dedos puede no tener el mismo valor para todos, pero en este mundo existe un placer inmenso que se produce al recoger los primeros racimos y estrujar el fruto para sentir el mosto caer por la palma de la mano.

El placer se muerde

Una añada entera cabe dentro de una sola uva: el clima, la tierra, el esfuerzo. Morderla es alimentarse de un paisaje y de su memoria.

El placer se corta

Descorchar un vino es un ritual. Cortar la cápsula de la botella es abrir las cubiertas de una historia que está por disfrutarse.

El placer se retuerce

Es necesario romper el silencio de un vino para conocer su historia. Profundizar en sus raíces, retorcer sus entresijos, dejar que coja aire para que se exprese y nos hable.

El placer se pinta

Una copa se convierte en un lienzo, en el momento en el que la tinta de la tierra pinta su interior.

El placer se bebe

Esta es la manifestación última de los placeres del vino. El sabor de una historia única leída a tragos, un sorbo que conduce a otro y que deja huella en nuestro paladar y en nuestra memoria.

A la hora de beber un vino deben estar enfocados todos nuestros sentidos, porque cada vino cuenta una historia y sólo así podremos comprenderla y disfrutarla.

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