La rueda del vino y el sálvese quien pueda

Javier Campo

Jueves 28 de Mayo de 2020

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Es un poco lamentable denominar nueva normalidad a esta “película de terror” que nos está tocando vivir, pero desde luego, el mundo del vino está inmersa en ella y la rueda sigue girando, aunque encontramos baches y, el camino, se hace cuesta arriba.

Después de leer un post de mi colega David Manso, que hace un acertado repaso por el sector, me asalta la duda del perjuicio por perfiles. Nos encontramos ante tres realidades en el mundo del vino: la bodega, el restaurador o comerciante y el cliente final. Debajo de cada uno de esos tres perfiles se esconde una situación totalmente diferente provocada por el mismo agente causante y que merece una visión por separado.

Empezaré haciendo una reflexión del grupo central ya que opino que el restaurador es quizás el que haga rodar más esta rueda. Como todos sabemos, en semana santa no se pudo abrir que es el "primer" impulsor del año en hostelería, seguido de las comuniones, las bodas, el verano, etc.

Muchos se han quedado con el vino que tenían en almacén para gastar en esa época y, no lo han gastado. Pasados estos meses, no todos los vinos "están" para el consumo. Pero hay que gastarlos. Algunos, no van a comprar hasta que se les gaste lo que tiene. Esto, repercute en el cliente final que está recibiendo en ocasiones, vino que no está en óptimas condiciones. Perjudicado el cliente.

Las bodegas, tienen que "sacarse" de encima todo lo que tienen estocado en sus almacenes y, lanzan ofertas directas (sin distribuidor) por tienda online. El precio es de derribo. Se cargan a su propio distribuidor (el que le salva la vida todo el año). Curiosamente, algunos restauradores aceptan la oferta del 2 x 1 o la que sea y pagan el precio un porcentaje más bajo. Pero como la cosa está muy mal, no repercuten ese descuento en el cliente, sino que se lo quedan porque están desesperados y no tiene dinero. Perjudicado el cliente otra vez.

Y ahora hablemos del cliente. El cliente tampoco tiene el mismo poder adquisitivo que antes y, en vez de encontrarse con descuentos y ayudas por parte del comercio o el restaurante, se encuentra con precios inamovibles o precios subidos. Perjudicado el cliente otra vez.

Seguimos hablando del cliente. Todos se suben al carro de "no tengo pasta" a ver si "me haces un descuento" en el bar o en el comercio. Entonces, hay locales que se bajan los pantalones y otros, tienen que cerrar. Familia y trabajo al garete. Perjudicado el restaurante y de paso, el cliente que tiene que buscarse otra opción que normalmente tiene que ver un poco con el precio y un mucho con la calidad que recibe.

A todo esto, la bodega se reinventa, vende online y hace enoturismo (los que pueden y tienen opción). Algunas, tendrán que pensar en como van a pagar sus próximas cosechas. Perjudicado el agricultor, que encima que ha tenido que ir a currar igual ahora se ve en la tesitura de no saber si va a poder vender su cosecha o no.

Y esto no es generalizar, ni mucho menos. Hay gente en todos los perfiles y sectores que es honesta y hace las cosas bien. Conclusión: sigue habiendo mucho "sálvese quien pueda".

Javier Campo
Sumiller y escritor de vinos
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