Vinos españoles Vs Vinos Extranjeros

Javier Campo

Viernes 27 de Diciembre de 2019

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Con la de vinos que hay en España y, en muchas cartas de restaurante, hay muchas páginas dedicadas e los vinos internacionales, pero no a pequeñas producciones o perdidas procedencias españolas

Aún existen restaurantes que, dedican un espacio a unas pocas Denominaciones de Origen Españolas y varias páginas a vinos internacionales y a vinos franceses especialmente. Borgoña, Burdeos, Champagne y Alsacia suelen ser quienes se llevan la palma en los finales de carta de muchos restaurantes gastronómicos.

En mi opinión y desde la experiencia en la restauración auspiciada a las Estrellas Michelin (francesas, por cierto) quizás deberíamos creernos un poco más el producto nacional. Por descontado, algunos de los vinos de todas las regiones que he comentado son maravillosos y, algunos de ellos, imprescindibles en ciertas cartas de vino.

Aun así y sin menospreciar ninguna zona ni ninguna marca, en muchos países, sin ir más lejos, en Francia, las cartas son todo lo contrario. Primero se potencia la zona donde está ubicado el restaurante, después otras zonas adyacentes, las diversas zonas vitivinícolas del país en cuestión y, por último, los vinos internacionales, un lugar donde los vinos españoles no tienen demasiada relevancia si lo comparamos con cartas de aquí.

Es curioso como un sumiller acabado de salir de la universidad (o no) apuesta por vinos de "x" zona de "x" país y sin embargo no conoce algunas procedencias, variedades o pequeñas producciones de nuestro país. ¿Os imagináis poner el interior de un Petrus de Pomerol en una botella vacía de Yecla (por poner un ejemplo) y dárselo a un "crack" para que lo pruebe? Podrían pasar varias cosas. Que reconociese que está ante un gran vino (pero no le daría 100 puntos). Que dijese que ese vino "no está mal" pero que los vinos franceses a él le gustan más. Que se negase a probarlo solo por ser de una zona poco conocida. ¿Y si lo hacemos al revés? Llenamos un Petrus con un vino de Extremadura a ver si el "crack" nos dice que es un 100 puntos (o si pasa de los 95 como poco).

Podría seguir con los ejemplos de cosas que podrían pasar. Quizás, y desde la prudencia y la humildad, lo que debería pasar es que debemos creer más en lo que sentimos con un vino que en lo que leemos de un vino. Las etiquetas, las procedencias, las variedades, nos condicionan, para bien y para mal. Deberíamos creer un poco más en nosotros y apostar un poco más en nosotros. Esto no quiere decir que no tengamos que tener vinos internacionales en nuestras cartas. Ni mucho menos. Quiere decir que estaría bien como mínimo el dar la oportunidad de conocer y de probar las joyas líquidas, los tesoros escondidos que guardan los vinos españoles.

Javier Campo
Sumiller y escritor de vinos
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