Cinco destinos enoturísticos para un cambio de año inolvidable

José Antonio Sanjurjo

Jueves 13 de Diciembre de 2018

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Sin el ajetreo de las jornadas de vendimia ni los agobios del verano, la calma del invierno es una excelente época para acercarse a los viñedos y degustar el vino y la gastronomía de temporada. Con las ventajas del alquiler vacacional, el enoturismo es un plan impecable para fin de año

Durante estas semanas, las viñas están descansando y sus paisajes son radicalmente distintos. Tienen un atractivo especial, relajante y desconocido para la mayoría de visitantes. Cambian los colores, cambian los ritmos, cambia el ambiente. Visitarlas en esta época es otra forma de conocer la riqueza enoturística española. Te traemos cinco planes muy adecuados para fin de año.

A estas alturas puede que te encuentres con los alojamientos tradicionales ya ocupados, o simplemente quieras probar algo diferente o más económico. El tiempo apremia y siempre está bien hacer números, por lo que el principal consejo es echar mano de herramientas tan útiles como Holidu, con un funcionamiento sencillo y eficaz que permite comparar cientos de alquileres vacacionales a medida de cualquier necesidad en cada destino.

1.- ARANDA DE DUERO.

Lechazo. Foto: Turismo Aranda de Duero

Este municipio burgalés conjuga encanto histórico y enoturismo a partes iguales. Es probablemente el mayor emblema de una de las regiones vinícolas por excelencia del país. No hay que renunciar a visitar su zona histórica, en especial las iglesias de Santa María y de San Juan y el Palacio Berdugo. Pero si el tiempo es escaso y queremos centrarnos en el vino, hay dos paradas imprescindibles: alguna de las bodegas medievales excavadas bajo viviendas del propio centro histórico y el Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino CIAVIN.

Las bodegas subterráneas, más de un centenar, conforman en su conjunto unos siete kilómetros de túneles y galerías a una profundidad de unos diez metros. Tienen la peculiaridad de estar comunicadas entre sí con el propósito de garantizar la ventilación. Buena parte de ellas están bien conservadas, a pesar de que datan hasta del siglo XII, y están abiertas a visitas. Alguna está vinculada a establecimientos de restauración que ofrecen en ella catas y visitas teatralizadas. Es una ocasión perfecta para el maridaje del lechazo con un espectacular Ribera del Duero.

El centro sobre arquitectura, que abre a diario pero con horario limitado, resulta muy útil para conocer a fondo las técnicas y el valor de las bodegas medievales de Aranda. Mediante una original recreación con figuras, muestra las tareas tradicionales de la elaboración del vino en la zona. La visita se puede efectuar en menos de una hora y vale la pena por su extraordinario valor pedagógico.

2.- PONFERRADA.

Foto: Ayuntamiento de Ponferrada.

La capital del Bierzo es un destino gastronómico muy tradicional. No solo por el inconfundible botillo, sino también por carnes de caza y productos de su huerta que aportan suavidad a propuestas tan contundentes, muy adecuadas para las jornadas de frío. Los vinos de la D.O. Bierzo, con una prestancia creciente en los últimos años, se configuran como el acompañante perfecto, bien sea un tinto de Mencía o un blanco de Godello.

La estancia no puede pasar por alto un paseo por el pequeño casco histórico o la visita al Castillo Templario. Resultan también muy interesantes los museos dedicados a la radio o al ferrocarril. Pero como buscamos enoturismo, lo ideal es una escapada por la comarca para conocer las diversas bodegas. Seguro que en alguna de ellas encontramos un buen plan para estas fechas.

Todo ello sin olvidar la presencia del Camino de Santiago. Un pequeño recorrido, que con tiempo se puede hacer incluso a pie, nos permite conocer a tiro de piedra de Ponferrada enclaves tradicionales de gran belleza como Molinaseca, con su Puente de los Peregrinos, de origen romano.

3.- VIGO.

Foto: Ayuntamiento de Vigo

De una forma un tanto inesperada, la ciudad olívica se ha convertido en uno de los destinos estrella de estas fiestas por su llamativa iluminación navideña. Para quien busque una buena colección de selfies temáticos es la mejor opción. Pero además resulta un destino muy aconsejable para compras y puede que incluso nos agasaje con la posibilidad de un paseo por la playa si tenemos un golpe de suerte meteorológico.

En todo caso, Vigo tiene una situación privilegiada para el enoturismo. Está a un paso de cuatro de las comarcas vinícolas más destacadas de la Ruta do Viño Rías Baixas: O Rosal, O Condado do Tea, Soutomaior y Val do Salnés. Todas las bodegas asociadas a esta entidad son visitables reservando previamente y los restaurantes de la zona destacan por exquisitas elaboraciones de pescados y mariscos, indisociables con el albariño de la Denominación de Origen Rías Baixas.

Por seleccionar dos propuestas, es recomendable acudir al Centro de Interpretación del Vino y la Lamprea en Arbo, idóneo para conocer además la historia y la etnografía de la zona, y también conviene guardar una jornada para acercarse hasta las Islas Cíes. Eso sí, reservando billete con antelación en las navieras que fletan los catamaranes, puesto que los accesos están limitados al tratarse de un Parque Nacional.

4.- JEREZ DE LA FRONTERA.

Jerez de la Frontera. Foto: Turismo Jerez

Jerez es cultura del vino por todas partes. De fama mundial. Si queremos tener poco margen de riesgo con la meteorología durante el cambio de año, es una buena alternativa. Por tópica que resulte, una visita a su más famosa bodega resulta siempre apetecible. Es un monumento de la enología y si la estancia tiene que ser rápida concentra en muy poco tiempo todas las claves de la denominación de origen.

No conviene dejar la ciudad sin un paseo por sus calles más históricas, una amalgama bien ordenada de las sucesivas culturas que han ido configurando su identidad a lo largo de los siglos. Sus reconocibles tabancos son los establecimientos idóneos para el tapeo, adorable costumbre en la que los vinos no renuncian a su necesario protagonismo al lado de tortillitas de camarones, rabo de toro o muy diversas elaboraciones del atún.

Si tenemos varios días de descanso, Jerez nos sirve además como un 'campamento base' para acercarnos hasta el Parque Nacional de Doñana. Y ya según las preferencias caballísticas de cada quien, podemos situar en la agenda alguna actividad en centros ecuestres de la zona –la hípica es religión en Jerez- o al Circuito de Velocidad, en el que nos puede coincidir alguna competición.

5.- MALLORCA.

Foto: D.O. Binissalem

Sí, es un destino de turismo que siempre asociamos a la playa y, con permiso de Ibiza, a la juerga nocturna. Pero la isla tiene muchas otras caras y mediante el enoturismo las podemos descubrir. De hecho, la isla cuenta con dos denominaciones de origen vinícolas, Binissalem y Pla i Llevant, que suman unas setenta bodegas.

Recorrer la ruta del vino de Binissalem nos permite acercarnos tanto a los pueblos del interior de la isla, turísticamente menos masificados, como saborear directamente en las bodegas unos vinos cada vez más reconocidos, en los que predominan variedades autóctonas como Manto Negro, Callet y Moll.

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