Toro, mucho más que vino

Martes 28 de Febrero de 2017

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La sorprendente historia de una región y sus vinos, probablemente los mejores de España

Existe un lugar en España donde hace apenas unos años atrás sólo unos pocos creían y que casi de la noche al día sus vinos y bodegas resuenan ahora en medio mundo, sorprendiendo a propios y extraños, por su singularidad, por su calidad, por su cuerpo, sabor, aroma y carácter.

Pero lo más sorprendente de todo es no se plantaron nuevas cepas, ni se transformó su viticultura, ni cambió el clima; sus vinos y sus bodegas siempre estuvieron ahí, pero ahora el mundo se rinde a sus encantos.

Desde Pagos del Rey Museo del Vino conocen mejor que nadie la sorprendente historia de esta tierra y sus potentes vinos; y merece la pena que nos la cuenten con mayor detalle.

El avance experimentado en los últimos veinte años por los vinos de Toro se puede calificar, cuanto menos, de vertiginoso. Puede que en este breve plazo de tiempo se hayan concretado tantos cambios como los registrados a lo largo de la historia de la zona.

El origen del prestigio que atesora en la actualidad Toro y sus vinos radica en la "Tinta de Toro" la variedad que ha dado prestigio a sus vinos. Algo tienen que ver también sus suelos pedregosos o su seco clima con veranos cálidos e inviernos muy fríos.

Son factores que, unidos al decidido empeño de un pequeño grupo de bodegueros, han dado una giro completo a la trayectoria de una zona que se extiende a lo largo de 5.800 hectáreas de viñedo y comprende, desde la creación de la denominación de origen, en 1987, el viñedo asentado en doce ayuntamientos de la provincia de Zamora y dos de Valladolid, además de los pagos de Villaesterde Arriba y Villaester de Abajo, también en Valladolid.

Tras la creación del Consejo Regulador, la introducción de nuevas bodegas, el esfuerzo desarrollado por las ya existentes y el empeño de los viticultores, se ha conseguido catapultar la imagen de Toro hasta unas cotas de prestigio nunca vistas. Un grupo de empresas elabora marcas que se sitúan entre las mejores de España y del mercado internacional.

La apertura de nuevas bodegas avaladas por el prestigio que han logrado en otras denominaciones supone la culminación de una trayectoria orientada hacia los más altos niveles de calidad.

Con todo, el vino tradicional de Toro que conocimos hace veinte años, era pastoso y recio, intenso de color, con acidez elevada, de alto grado alcohólico y paladar consistente. Nada que ver con los vinos actuales, aunque se elaboren con los frutos de las mismas viñas la enología actual ha mejorado mucho su calidad.

Así, el éxito de los nuevos vinos de la Denominación de Origen Toro, que en mayo de este año 2017 celebra su 30 aniversario, parte del excelente comportamiento de la Tinta de Toro, felizmente redescubierta.

Ha bastado buscar un comportamiento más racional del viñedo, con producciones cortas, para que la Tinta de Toro ofrezca sus mejores prestaciones.

El resultado son vinos de color intenso, muy cubiertos, muy aromáticos, potentes, elegantes... vinos que seducen con todos los sentidos y provocan auténtico placer cuando uno tiene la oportunidad y el privilegio de degustarlos.

Son vinos de largo recorrido, concebidos para prolongar su vida mientras ganan en finura y elegancia. En algunos casos se utiliza la Garnacha para complementar el trabajo de la Tinta de Toro, pero los grandes vinos de la zona son, sin ninguna duda, monovarietales de Tinta de Toro.

La Ruta del vino

Las tierras de la D.O. Toro cuentan con 51 bodegas y se extiende por diversos municipios de las provincias de Zamora y Valladolid. El río Duero vertebra la zona, que ocupa parte de las comarcas naturales de Tierra del Vino, Valle del Guareña y Tierra de Toro.

Al llegar a las inmediaciones de los Villaester, casi confundidos con los maizales, aparecen los primeros viñedos. Villaester de Arriba y Villaester de Abajo son los dos primeros núcleos rurales que encuentra el viajero, formados por un palomar, una ermita y un puñado de casas arruinadas.

Desde Villaester de Abajo, la carretera desciende poco a poco siguiendo el curso del Hornija. Las suaves colinas que definen el cauce del río se hallan repletas de majuelos. San Román de Hornija es un pueblo próspero y vivo, que cuenta con restos arquitectónicos pertenecientes a un monasterio visigodo, visibles en la fachada porticada de la antigua casa rectoral, hoy vencida por el tiempo, y en el museo-capilla del rey Chindasvinto instalado en el interior de la iglesia. Por ser lugar de vino, San Román tiene galerías subterráneas con túneles y arcos de ladrillo donde todavía se elabora de forma artesanal el vino de consumo doméstico. Y también nuevas bodegas.

Para dirigirse a Morales de Toro desde San Román es preciso subir a la llanura. Allí se extienden las viñas, ordenadas y limpias, como expresión exacta de la geometría.

Morales de Toro es un pueblo muy extendido, con una plaza mayor donde se levanta una prensa en recuerdo nostálgico del vino y una hermosa casa consistorial del siglo XVIII. Tiene dos iglesias, de las cuales una -la conocida con el nombre de San Salvador- alberga un artesonado mudéjar y un espléndido retablo del siglo XVI con diez tablas donde se narran escenas de la vida de Jesús.

Morales de Toro posee también bodegas subterráneas. Sin embargo, las bodegas modernas que se alzan en su término se pueden ofrecer como modelo.

Pero es momento de adentrarse en la capital del vino, o en la "fuente del vino", como Alfonso XI llama a Toro en una Crónica rimada. Dos cercas de muralla, tres puertas de entrada y un postigo, un alcázar, una colegiata, varias iglesias y conventos, muchos palacios y algunos hospitales quedan como signos del esplendor pasado.

Esplendor relacionado con la importancia política que alcanzó la ciudad, expresada en las diversas cortes que se celebraron en ella, cortes que en 1505 sirvieron para promulgarlas famosas Leyes de Toro. Es tan abrumadora la riqueza monumental y artística que atesora el casco histórico que aquí sólo se puede ofrecer un pálido bosquejo, concretado en algunos puntos básicos: la Portada de la Majestad y el cuadro de La Virgen de la Mosca en la colegiata; los frescos góticos que se exhiben en la iglesia de San Julián de los Caballeros; el museo de San Salvador; las sergas del convento del Sancti Spiritus...

Y las bodegas subterráneas. Todo el subsuelo de la ciudad está recorrido por un laberinto de túneles que presentan la peculiaridad de tener el lagar incorporado. Hay bodegas particulares que son auténticas joyas etnográficas y otras institucionales de muchísimo interés, como la que se esconde en el palacio de los Condes de Requena, sede del Consejo Regulador, o la que enriquece los bajos del Ayuntamiento, ilustrada con bóvedas que sujetan arcos fajones de sillería sobre otros de ladrillo.

Fiesta de la vendimia

Además de vino y bodegas, Toro posee otros elementos de interés enológico. Se trata de la Fiesta de la Vendimia, que se desarrolla a mediados de octubre.

En el transcurso de la celebración tiene lugar una cata en el teatro Latorre, un certamen de pintura rápida con motivos relacionados con la vendimia y un desfile de carros. Un desfile de esos carros antiguos, con ruedas de madera y llantas metálicas, que antaño recorrían las calles con un característico sonido de hierros esforzados. Abundan en Toro las tiendas donde se pueden comprar los vinos de la zona.

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